martes, marzo 14, 2006

A SANGRE FRIA

(Publicado - El Observador)
La película de Truman Capote no puede impresionar a los uruguayos. Hace ya un tiempo en el que la violencia, los robos y los asesinatos se han transformado en algo cotidiano por acá. “A sangre fría” se podría escribir sin problemas sobre lo que se vive en el Borro, en Pocitos o a la salida del Centenario, no hay que ir a Kansas para encontrar este tipo de relatos verdaderos. Capote se hubiera hecho una fiesta con tanta “opción violenta” que ofrece el Uruguay actual. Si a esto le agregamos el hecho de que la droga anda por todas partes del país, y ya no reconoce sectores sociales, nadie dudará que estamos ante un problema enorme: vivimos con miedo en medio de la violencia.
El gobierno no desea hacer hincapié en el crecimiento de las rapiñas y los hurtos, por el contrario se disculpa con el mapa delictual en la mano y procura convencernos de que las cosas no están tan mal. Se equivoca, porque la percepción ciudadana es que en seguridad no se está actuando con eficacia. Los propios votantes de Frente Amplio lo reconocen, por algo los relevamientos de opinión pública en esta materia son claramente críticos con el gobierno actual. Los gobiernos anteriores tenían una comunicación con la ciudadanía más eficaz. Gustará o no la gente sentía que la oían. No era poca cosa.
Se advierte una grosera desmotivación policial. Basta hablar con distintos efectivos para que cuenten lo distante que lo sienten al poder ejecutivo de sus problemas. La mirada del gobierno es en clave ideológica. La policía no entiende a su ministro porque el ministro no entiende a la policía. Hablan en idiomas diferentes.
La policía siente que no puede actuar, que no tiene las garantías del caso, que si actúa con convicción nadie responderá por ella. Agréguese a esto la tontería de haber liberado presos por una razón operativa (para descomprimir), sin un proceso de rehabilitación consistente, y el cóctel es explosivo: tenemos poca policía, desmotivada y molesta.
Los que vimos por televisión como un jerarca policial reconocía que el Pit Cnt le “había dado cuarenta y cinco minutos de plazo” para actuar en una ocupación a una fábrica, no lo podíamos creer. Ahora, además, hay que pedirle permiso a la central sindical para actuar en defensa del orden. Triste y preocupante es el saldo cuando se subvierten las instituciones y cuando los límites del Estado de Derecho se esfuman.
El gobierno se queja porque lo quieren hacer venir al parlamento al ministerio del interior para pasarle algún reto. El gobierno se enoja y afirma que la mayoría lo apoya en este tema. No es cierto, pero aunque lo fuera la minoría tiene derecho a convocarlo. Así es la democracia y los que dicen respetarla lo deben hacer sin chistar.
Que al gobierno no le gusta que le digan como hay que hacer las cosas, mala suerte, pero que tenga paciencia, hay demasiada sangre corriendo por allí como para ignorarla. Al fin y al cabo eso es lo que el Frente Amplio predicó durante veinte años: hay que hacer el contralor cuando las cosas se desorientan. Lo sucedido con el hincha asesinado no puede pasar desapercibido. En cualquier lugar del mundo alguna cabeza rueda ante semejante bestialidad. Algún jerarca, cometió algún error que debe pagar.
No debiera histeriquear el gobierno cuando en materia de seguridad, tirios y troyanos alzamos nuestras voces. Algo de razón debemos de tener. Algo debe estar pasando que tanta gente está tan nerviosa. Algo debe suceder para que tantos individuos de la vida del país (periodistas, comunicadores, profesionales, académicos) casi todos clamen a gritos por más eficacia en el combate a la delincuencia. Todos no son de derecha.
Entendámonos bien Sr. Ministro: no queremos que den palos, no corresponde el autoritarismo. Queremos vivir en paz, sin temor a la oscuridad, llevando a nuestros hijos sin mirar para atrás por temor al rapiñero de turno. Repito, en paz. De eso se trata el asunto: que devuelvan un poco de tranquilidad. Ni más, ni menos: tranquilidad. ¿Es mucho pedir o hay que ser de izquierda para tener legitimidad en el pedido?

1 comentario:

lector dijo...

se puede estar de acuerdo o no con lo que escribiste acerca de la inseguridad, de la indiferencia del gobierno hacia el problema y de la inadecuación del ministro. pero me parece un divague la comparación inicial con la película sobre truman capote, una película que no es violenta y cuyo tema central no es el de un horrendo crimen sobre el que un gran escritor arma una novela de no-ficción, sino, justamente, sobre el armado de una novela de no-ficción (forma novelística/periodística novedosa en ese entonces) a partir de ese crimen.

la película no debería impresionar a los uruguayos, pero simplemente porque no se trata de una película particularmente violenta.

la forma importa.