La familia, los amigos.
Queridas amigas y amigos gracias por estar, los que están acá son de ley: El Partido Colorado vivió el peor momento de su electoral de su historia, lo sufrimos todos los que queremos a esta colectividad y al país. Han sido años difíciles… Hemos vivido momentos de todo tipo en las que el trabajo político nos ha dado satisfacciones, así como también hemos encontrado incomprensión… Pero, es la vida de la política. Claro, de cualquier modo, siempre —aún en los lindos momentos, en los que uno más que nunca tiene que ubicarse— la mente vuela hacia la familia y los amigos. Ese ha sido mi refugio. Y menciono a la familia, porque reconozco que producto de las luchas políticas, muchas veces la hemos descuidado. Ese también ha sido un costo de todos estos años de trabajo, que hacen revalorizar las cosas importantes. Al fin y al cabo lo trascendente son los afectos. Sin grandes misterios y como lo decía Martin Luther King: “yo creo que la verdad y el amor sin condiciones tendrán efectivamente la última palabra porque la vida, aunque provisoriamente derrotada, es siempre más fuerte que la muerte”.
Me la vengo a jugar por el Batllismo.
Y a pesar de todo y sin la más mínima vacilación acá estamos todos. Estamos acá para sacar adelante al Partido, para reconstruirlo, desde sus mejores tradiciones pero con las exigencias de los nuevos tiempos. Con decisión, con muchas ganas. Algunos piensan que sería mejor a esta altura hacer otro tipo de planteo. Pero, ésta no es la hora de especular. El Partido no puede esperar nada de los especuladores, sino de aquellos que se la juegan. Yo me la vengo a jugar por el Batllismo, a recorrer el camino de la recuperación de nuestras ideas y a ponerme el partido colorado al hombro! De frente y mano.
Ustedes saben que he estado, siempre, en la primera fila en el combate por las ideas, en la pelea política del esfuerzo colectivo. Y en esa tarea he acertado y me he equivocado. Y no una, muchas veces. Sin embargo, nadie hoy puede criticarme por no por no dar todo y no dar todas las batallas. Por no defender al partido colorado. Tampoco hay quien pueda hacer ningún tipo recriminacion ética hacia mi persona. Y eso, ni para mi, ni para el partido es poca cosa.
Estoy compitiendo conmigo mismo.
Hay una generación que está tratando de tener sus propios espacios y que trata de hacer lo mejor para el país y para el partido.
Yo no estoy compitiendo con ellos, estoy compitiendo conmigo mismo, para superarme cada día más y poder contribuir a que determinadas ideas y principios ganen terreno. Es la hora de los que entregan, y aportan. Este partido está cansado de los que vienen a medrar!
Se trata de alcanzar el poder.
Además, si hay algo de lo que estoy convencido es que sólo desde la existencia de diversas líneas, el Partido puede refrescarse y recuperarse. Todas aportando, todas trabajando, todas empujando. Solo de esa forma le estaremos rindiendo un servicio al país.
Para saber cuáles son las consecuencias de un partido que se encierra sobre sí mismo, qué pasa con un partido que se vuelve monocromático, de un partido que confunde Estado, gobierno y cuadros sólo basta con mirar un poco hacia atrás. En eso no hay duda que le erramos. Tengamos ahora, cinco, seis, muchas líneas. Después el tiempo dirá que es lo que pasa.
Ahora es el momento de que se abran espacios para todos, para el trabajo de todos y las ideas de todos. Y no estamos muertos como nos quieren hacer ver!
Imposible no hay nada si se lucha! Imposible solo frenar la muerte! Es posible… pero hay que visualizarse y cabalgar en serio! No se trata de aumentar algunas bancas parlamentarias. Se trata de alcanzar el poder para cambiar el país! Eso es lo que la historia nos mandata y el presente nos convoca! Grábenlo en el disco duro y armen un adn victorioso! Y si no lo sienten así, no sirve y no me acompañen. Esta es la hora de la fe, del coraje y del entusiasmo. Solo así se puede encarar este tiempo.
¿Defectos personales? ¿Y que?
Muchos de los que están hoy aquí han sido enormemente honestos conmigo —lo que agradezco infinitamente— y me han señalado algunos de los aspectos complicados que la construcción política de mi persona entienden que tiene. Bueno sería que todo fuera positivo. Y hoy estoy acá para hablar absolutamente de todo. Algunos me han dicho que haber asumido el rol del “soldado” pudo haber sido devaluatorio de mi persona, porque uno quedaría en una posición.... digámoslo con todas las letras… “pequeña”, “de alcahuete”. Pero yo lo veo desde otro punto de vista. Donde algunos ven obsecuencia, yo veo lealtad. Lealtad a ciertos valores, por encima de todo y entrega total a la causa. Ese era el asunto, sin otra pretensión..… Nadie podrá decir nunca en estas cuatro paredes que le fallé a nadie.
Otros me objetan otras cosas. Lo mío no es la belleza masculina, lo mío es la boca que tengo, los gestos que hago y hasta las calenturas que me agarro. Soy como soy, si.…siempre se puede corregir, por supuesto, y lo intento. Pero uno debe asumirse como es, y no voy a cortarme los labios para que me miren con más simpatía, ni a posar de lo que no soy. La política del maquillaje es una estafa de patas cortas, y si para crecer tengo que dejar de ser yo mismo, discúlpenme pero ese precio………… no lo pago.
Quién lo hubiera creído de los honestos.
Estamos aquí para defender convicciones. La renovación generacional es por sobre todas las cosas “conceptual”.
Hay cosas que en la política no pueden pasar más. Nos negamos a aceptar pasivamente que el doble discurso sea elevado a la categoría de virtud cívica (eso de: “así como te digo una cosa, te digo la otra”). El Frente Amplio bastardea la política al decir una cosa en la oposición y hacer otra cosa distinta en el gobierno. El Frente Amplio ofende a los ciudadanos cuando utiliza, para fundamentar sus políticas hoy, los mismos argumentos que antes denostaba como perversos cuando eran esgrimidos por los partidos históricos. El Frente Amplio cree que los uruguayos son amnésicos y no recuerdan sus eslóganes históricos.
¿En qué cree realmente el gobierno frenteamplista? Cuando los vientos políticos cambien ¿mantendrá el discurso actual o volverá a su papel de oposición irresponsable? ¿El FMI será el cuco de vuelta, López Mena será un capitalista salvaje Y sospechoso y Bush volverá a ser un “cerdo imperialista” y no el novio de 36 horas de arrumacos quinceañeros con el Dr. Vázquez?
Recuperemos el sentido de responsabilidad del político que dice las cosas sin pelos en la lengua en base a sus convicciones y sus principios! Salvemos a las instituciones de la mediocridad en que la están sumiendo!
Nos negamos a aceptar pasivamente que algunos dirigentes políticos pretendan que sus conductas sean medidas con varas diferentes a la de un ciudadano común. Las cosas han cambiado y la gente tiene muy claro que la política tiene que estar al servicio del bien común y no de tal o cual persona u organización.
Por eso le solicito al presidente de la república que haga renunciar a un funcionario de la presidencia. Se lo pido en homenaje a la ética de un país que no merece tener allí a un ciudadano que está en las dos veredas. No se debe ejercer la profesión de abogado desde esa cima de poder…no está bien, rompe los ojos que puede haber influencias que corren para todos lados.
Ofende a la moral pública que ese Estudio Jurídico de ese señor actúe contra el Estado defendiendo ciudadanos perseguidos por el Estado. ¿No se advierte que la justicia no merece que se le introduzca este tipo de presiones? ¿Se quiere caer en una especie de país bananero donde los poderes se confunden entre sí ambientando conflictos de intereses obvios? Señor Presidente, con todas las letras, por la ética que hay que preservar, por la moral de una Nación que no tiene porque vivir la degradación de sus valores: pídale al Secretario de la Presidencia, al Dr. Gonzalo Fernádez que renuncie y retire a su estudio jurídico.
Seamos inflexibles con las conductas impropias. No se trata de hacer caza de brujas. Porque si hay algo que el tiempo ha demostrado es que la pretensión del Frente Amplio de dividir el mundo en buenos y malos se ha desmoronado. Ellos que se mostraban ante la ciudadanía como la quintaesencia de la honestidad…por favor!
Quien lo hubiera creído, que tan rápidamente la corrupción se les metería por debajo de la mesa: Nicolini engañando al Estado con su carné de pobre; en Maldonado los amigos del Frente repartiéndose la publicidad como chacales; al señor Bengoa de Asamblea Uruguay, en su rol de jerarca de los casinos municipales se le perdieron 14 millones de dólares… ¿y cómo se llama a todo esto? ¿Hay probidad moral en estos casos, están al servicio del país o están al servicio de ellos mismos? ¿Esto que es, cómo se llaman a estas “farras”: ¿metidas de pata o manos en la lata?
No faltarán quienes cuando hablo de esto piensen: ¿y por casa como andamos?
A ellos y a todos los digo, soy de los que tienen la convicción de que en todos los órdenes de la vida, no solo hay que ser, sino, parecer. Primero, ser, y después, parecer. Y esto no solo lo pienso para los de afuera, sino también, y en primerísimo lugar para los de adentro porque todos nosotros debemos cumplir con este precepto de manera irreprochable. De lo contrario: el que las hace las paga. Esa es mi bandera, no de hoy sino de toda mi vida.
Propuestas programáticas
Por otra parte muchos correligionarios nos critican por no ser lo suficientemente opositores. Es que este partido tiene, efectivamente, vocación de gobierno y le cuesta ubicarse del otro lado del mostrador. Pero, supongo, que habrán advertido que en los últimos tiempos este servidor ya no se calla nada: No me voy a callar ninguna arbitrariedad de las muchas que cometen, y las voy a denunciar donde sea, como sea, cuantas sean y si llegan desde la cima del poder las voy a gritar a los cuatro vientos!
Ahora bien, no podemos incurrir en los errores de otros. Debemos actuar diferente. Todos ustedes saben que los partidos políticos son instrumentos para acceder a posiciones de poder. Hay que plantearlo sin vueltas. ¿Pero poder para qué? Poder para proteger en serio a la gente. Ésa ha sido la vocación histórica del Batllismo. Ese es mi talante y quiero que también sea mi marca de fábrica.
Proteger, proteger y proteger siempre a los más débiles. No dar limosnas, u ofender la dignidad de los más pobres con entrega de dinero sin contrapartida, pero si proteger abriendo oportunidades.
Por eso exclamamos irritados hace unos días, que nunca hubo tanta inseguridad pública como en el presente. No nos cuida nadie!, porque han tenido prejuicios para hacer actuar a la policía con la firmeza de la ley. Lo vimos todos en los episodios y movilizaciones con Bush. Nadie defendiendo. El centro era territorio liberado. Todos borrados y los ladrones de festival.
Tanta razón… teníamos durante estos dos años que se cambió el ministro. ¡Señora Ministra salga a la calle, recorra los barrios, hable con la gente y verá que no hay uruguayo o al algún familiar que no lo hayan robado. ¡Apriete el acelerador Ministra! del lado de la gente y no del humanismo carcelario, del lado de los derechos y no de los deshonestos, del lado de la familia. Los uruguayos estamos hartos de vivir hablando de delincuencia una y otra vez. Cumpla con las funciones de su cargo.
Los colorados, creemos que hay reformas importantes para la vida del país que deben instrumentarse desde ya. Y si eso supone réditos para la actual administración, que así sea. No estamos para la chiquita. Por consiguiente, creemos que la construcción de la prosperidad uruguaya —en todas sus dimensiones— debe, necesariamente, pasar por algunos de los siguientes enfoques, por eso tengo la obligación de contarles estas ideas:
Un primer aspecto es el de la inserción internacional de Uruguay: apostamos al “regionalismo abierto”. El Presidente de la República ha señalado que la opción del país es el “regionalismo abierto”. Bárbaro, descubrió el agua tibia y ni siquiera lo traduce en actos de gobierno. Porque —por lo menos hasta ahora— lo que ha quedado claro es que quienes vienen pautando el relacionamiento comercial del país son aquellos que apuestan al regionalismo cerrado que, hablando en plata, lo que quiere decir es incrementar cada vez más la dependencia de Uruguay con Argentina y, aun más, con Brasil. ¿Alguien piensa que es concebible un Uruguay encerrado en su misérrimo mercado interno?
El Mercosur sólo tiene sentido como plataforma de lanzamiento a los grandes mercados mundiales, no como coto cerrado que le permita sobrevivir a las ineficiencias que empobrecen.
Los cultores del atraso, los xenófobos disfrazados de patriotas, los que están intoxicados por ideologismos, se ocuparán —y se ocupan hoy— de trasmitir mensajes aterradores. Hablarán de empresas que cierran, de desocupación. ¿Pero es que acaso el encierro económico no empobrece? ¿Cuántas oportunidades de empleo se matan sin que nos enteremos? Si se va a recorrer el camino del regionalismo abierto, que se lo haga de verdad.
¡Es hora de prescindir de esa cancillería ideológica que se parece más a la sede central del partido socialista que a un ministerio de relaciones exteriores! Los pequeños países crecemos si apostamos a las grandes ligas. Apostemos por la defensa del trabajo uruguayo, apostemos por nuestra industria y apostemos por los más altos intereses nacionales. Todo lo demás es una mentira que está comprobada hasta en el atropello cotidiano que el gobierno argentino le impuso al país. ¡Uruguay no nació para estar arrodillado ante la prepotencia de sus vecinos! ¡No nos dejemos humillar más! ¡Parece mentira que haya que gritar que somos un país independiente y no una provincia argentina! Si este es el Mercosur que tenemos que seguir sufriendo, a este: no lo queremos donde los socios más grandes deciden ellos solos por todos nosotros, ninguneando a los socios menores. Ese no es el Mercosur que se acordó crear, este es una burla hacia nosotros!
Un segundo tema es el agro. Aquí apuesto a un modelo de capitalismo dinámico. ¿No era que el Ministro Mújica quería que tuviéramos un “capitalismo en serio”? Así lo dijo. Sin embargo, advertimos con preocupación que Uruguay, en un terreno vital para su economía, marcha a paso decidido, pero para atrás. Nos salva la carne, los commodities, pero por ahora y no para siempre.Desde el Ministerio de Ganadería y otros ámbitos estatales se frena la modernización y el incremento de la productividad. ¿Por qué se le tiene miedo a la forestación, cuando queda tanto margen para crecer en ese terreno? ¿Por qué se le tiene miedo a la inversión extranjera en la tierra, cuando es la que permitió la rápida recuperación de la crisis? Hay ideología, amigos. Otra vez la visión del atraso. La de la apuesta a la pobreza. La de la apuesta a la mediocridad. ¿Se piensa que Uruguay va a progresar solamente con el minifundismo familiar o el latifundismo ganadero?
¡Permítase la inyección de capital en el campo! ¡Permítase la apuesta a la productividad! ¡Estimúlese la investigación en nuevas tecnologías! ¿Y qué hay!!! si vienen grandes empresas capitalistas a invertir en el agro? ¡Que vengan y cuantas más mejor para todos! ¡Más inversión es más trabajo!!
Seamos audaces y permitamos nuevamente —porque ese era el proceso en que se encontraba el país— que se desarrolle un capitalismo dinámico en el sector agropecuario.
Permitamos que las sociedades anónimas sean propietarias de inmuebles rurales. Permitamos que ese instrumento continúe inyectando dinamismo al principal sector de nuestra economía. No seamos necios. No le hagamos mandados a los poderosos del mundo, que no quieren el desarrollo de nuestra producción agropecuaria porque en sus países se les hace cada vez más cuesta arriba seguir bancando con subsidios una producción no competitiva. ¿No es que se dicen antiimperialistas? No parecen. Al contrario.
Continuemos estimulando el desarrollo forestal, que se lleva a cabo en tierras de bajo rendimiento productivo. ¿Cómo es que el Ministro Mújica llama a “ponerle palos en la rueda” al desarrollo de un subsector con un potencial enorme? ¿Qué clase de “Uruguay productivo” es el que pretende? El desarrollo forestal ha permitido la valorización de tierras que antes tenían muy bajo valor por lo que los ganaderos también se vieron beneficiados indirectamente por los subsidios al sector forestal.
Es una política de Estado que inauguramos los colorados y batllistas en 1987 que supuso una verdadera transformación estructural, para bien, del sector rural. Esa sí que fue una revolución que cambió la cara del país. Revolucionarios entonces fuimos y somos nosotros y no los que declaman, y hablan todo el día, pero a la hora de decidir… quieren quedar bien con Dios y con el Diablo.
Un tercer tema, crucial, que se relaciona con el crecimiento y la generación de empleo genuino para los uruguayos, es el de la energía. Báh… el déficit energético. Porque ese es el problema. Llevamos añares discutiendo el tema. No necesitamos más diagnósticos para saber que lo que hace falta es generar más energía. Hoy es un imperativo, pero más aún para un país que quiere crecer. Definamos, entonces, el objetivo: Uruguay necesita más energía. Y el Estado –asumámoslo— no cuenta con recursos suficientes.
Por eso, sin miedos, debemos sumar el sector privado al negocio de la generación energética. Para ello, a lo que ya hemos hecho con la Ley de Marco Regulatorio Energético, hay que agregarle la definición de dos pilares básicos y complementarios:
En primer lugar, separar la transmisión y distribución, de la generación. Las primeras deben seguir siendo un monopolio del Estado por su hondo carácter social. Pero hay que separar los tantos, hablo de tener dos empresas públicas: una encargada de la generación, en régimen de competencia, y otra, monopólica por las razones sociales que ya mencioné, en el campo de la transmisión y distribución. Porque, es obvio, la empresa que compite en la generación no puede ser la que también, monopolícamente, cobre el peaje por el uso de sus líneas.
El segundo pilar es el del fomento a la diversificación de fuentes. Una política activa de estímulo a la diversificación de fuentes de generación. La que tendrá que premiar los esfuerzos que se realicen para liberar a los uruguayos de dependencias que nos condicionan.
Otro tema similar es el de las telecomunicaciones:
El mercado de telefonía fija en los hechos debe permanecer monopólico. Pero el servicio de transmisión de datos en el marco de la empresa estatal sigue siendo cuasi monopólico. Me refiero por ejemplo a que tenemos los precios más caros de la región por conexiones, que sólo un abuso del lenguaje permite denominarlas de “banda ancha”. Y digo esto porque hoy cuando hablamos del Uruguay Productivo tenemos que pensar en las cosas prácticas que importan a la creación de nuevas empresas y no en “esloganes”. Permitamos y ambientemos la inversión privada, lo cuál significa que el propio Estado no se convierta en la barrera de estas inversiones, liberemos esta traba. (en telefonía celular, se lo ha hecho, y se lo ha hecho bien)
A mi lo que me importa es que haya uruguayos que creen sus empresas y que puedan exportar al mundo sus desarrollos. Y que lo hagan a través de donde sea, pero que tengan la opción. El Estado está para facilitar y no para trabar. ¿Cuesta tanto entender esto? ¿Cuesta tanto poner al Estado del lado de la gente y no apedreando, encareciendo y complicando la vida?
Otro tema básico, central, prioritario y por el que voy a dar la vida, todos, ustedes y nosotros tenemos que dar la vida… es la desaparición…el aniquilamiento… la derogación de las normas de este reforma tributaria: es imprescindible, no va a ser fácil, pero vamos a tener que hacerlo cuando lleguemos al gobierno porque este nuevo impuesto es innecesario.
Estos que se dicen antiimperialistas le han hecho el mandado de la reforma tributaria al FMI. ¿Dicen que se liberaron del Fondo pagando al contado la deuda? Cuento chino. Ahora viene una misión del Fondo para instalarse en el BPS. Van a ayudar a instrumentar la reforma tributaria. Claro, si es lo que nos viene pidiendo hace añares el G8 los países más poderosos del mundo. Que cambiemos nuestros sistemas tributarios a imagen y semejanza de los de ellos, así nuestra producción se torna menos competitiva. Está clarito. Y viene el Frente Amplio ¿y qué hace? En seguida, como en el tema de las sociedades anónimas en el agro, le hace el mandado a los poderosos del mundo. ¿Y estos son los antiimperialistas? El antiimperialismo se refleja en actos concretos y no en discursos vacíos de contenido o en pintadas en los muros.
Pero además de embromarnos en materia productiva, la reforma tributaria es particularmente perversa contra la pequeña empresa, con el pequeño emprendedor, la principal fuente de empleo del país, a la cual se la va a castigar con un IVA que nadie va a poder descontar, y con la clase media, a la que se va a esquilmar con ese Impuesto a la Renta trucho. Porque tiene todos los defectos de un impuesto a la renta, pero no tiene ninguna de sus virtudes.
Y entre los aspectos más terribles del engendro tributario, del Frankenstein tributario este (que no lo duden es el camino al infierno del Cr. Astori y será una herida capital en su gestión), se encuentra el congelamiento del status quo social. ¿Dónde está el estímulo para mejorar? ¿Ustedes piensan cuando ven en los noticieros a otros países con problemas de pobreza que la solución es subir los impuestos? Es inaudito: cuanto más trabajás, cuanto más te rompes el alma, más te castiga el Estado. El mensaje es: “quédate quieto, no mejores, no crezcas, es mejor seguir en la mediocridad”. ¿Ese es el concepto de progreso que tiene el oficialismo? ¿Así se estimula la creación de riqueza y la prosperidad?
¿Saben qué no se castiga tributariamente? ¡Las ganancias por los juegos de azar! Si vos te rompiste el alma laburando y ganaste más plata que antes, viene el Estado y te pega el zarpazo. Pero si te sacaste el 5 de Oro o embocaste en la rula, el Estado te felicita y te deja en paz. ¡¡Qué lindo mensaje el del gobierno progresista!! ¡No trabaje más, no dé empleo: timbee su plata o mándela al Primer Mundo! Porque un plazo fijo en el BROU es castigado, pero las rentas recibidas por una cuenta en bancos en el extranjero, quedan limpitas.
¿Y saben por qué? En el fondo, si se rasca bien en el fondo, existe una concepción perversa: si ganó plata, seguramente embromó a alguien, explotó a sus trabajadores, se quedó con la plusvalía de los obreros. No importa que se haya dado empleo a gente que quedaba desocupada o viviendo del “ingreso ciudadano”. O que como profesional independiente hayas trabajado y trabajado... O que hayas demostrado ser un buen empleado y te hayan ascendido. Vos sos malo porque ganaste más plata haciendo cosas. Si es de arriba, en cambio, no pasa nada. No explotaste a nadie. Entonces te premiamos.
No debe haber concepción más perniciosa que esa. Esa es la verdadera ideología del gobierno: impedir el ascenso social. Y eso mata el alma y las ganas de hacer de un país porque la verdadera reforma tributaria sería pensar en bajar los impuestos. Esta debe ser la dirección a seguir. Por lo menos yo lo siento así.
Quiero ahora plantearles un tema polémico, que inclusive en este partido levantará alguna polvareda. Quiero más libertad en la educación y más intervención a la vez: No queremos un nuevo debate para el montaje de un tablado dirigido a legitimar la implantación de un proyecto de poder en la educación, como el que vivimos el año pasado. Ni la discusión eterna por el gobierno de la enseñanza. Lo que queremos es que se discuta, por ejemplo, es que hoy la mayoría de los estudiantes que ingresan a la Facultad de Medicina tiene severos problemas de comprensión lectora. (Alrededor del 60 % de los estudiantes tienen este problema). Por ejemplo, queremos discutir que la deserción en los liceos asusta. Que los niños lleguen al liceo sin saber escribir correctamente y sin entender lo que leen. ¡Eso es lo que queremos que se discuta! No el absurdo cogobierno en Secundaria! Queremos discutir las técnicas pedagógicas específicas, para la transmisión de saberes concretos!
Acá lo que se requiere es debatir. Pero no en tablados digitados o en cenáculos cerrados, donde los autodenominados especialistas se arroguen el derecho a decidir por todos los demás. Apostamos a la apertura total. ¿Y qué queremos decir con eso? Proponemos que la ANEP establezca estándares básicos de conocimiento en diversas áreas para cada rama de la enseñanza, que cualquier instituto de educación deberá cumplir, lo cual se constatará mediante exámenes nacionales y únicos para cada rama y/o sub-rama. Pero cada institución deberá tener la posibilidad, además, de incorporar sus propios métodos de enseñanza sumando a los muy ambiciosos contenidos obligatorios. En el ámbito público, en cada escuela o liceo, deberá dársele a los padres la posibilidad de incidir en esas opciones. Ese sistema abierto y descentralizado permitirá el surgimiento de aportes novedosos y efectivos, tanto en el ámbito privado como en el público, de los cuales todos podrán aprender. Es un debate por la vía práctica y beneficiarse. Y donde no se le tiene miedo a la innovación y a la libertad. Abramos las ventanas para que entre aire fresco. Abramos espacio a la innovación, controlando estrictamente los resultados.
A la vez quiero insistir en que solo desde las reformas educativas planificadas con perfil social se saca a un país de su pobreza en el mediano plazo. Las escuelas de tiempo completo, la educación preescolar, los docentes jerarquizados acá y en el interior, los padres adentro del sistema, la descentralización, todo eso fue obra nuestra que nos enorgullece, pero que nos compromete a más. En esto quiero al Estado gastando, perdón, invirtiendo para no bolivianizarnos. Escuela buena para todos, para los que no la pueden pagar, y para los que la pagan. Esa es la consigna que traemos desde nuestras más hondas tradiciones batllistas.
¿Y todo esto para que? Debemos darles los instrumentos adecuados a nuestros jóvenes para que no vean en la emigración una opción. Se van 18.000 uruguayos por año, la mayoría de ellos jóvenes. Los necesitamos aquí porque más educación es más integración social , más oportunidad de progreso, más oportunidades, mejor calidad de empleo, mejores salarios, mejor vida de verdad.
En el mismo sentido creo que no pueden seguir adelante estas políticas sociales clientelísticas. Como en su momento advertimos el Ministerio de desarrollo social no concentra todas las políticas sociales del Estado y sólo representó la creación de una nueva repartición burocrática destinada a montar un aparato clientelístico. Aparato que sólo perpetúa las condiciones de pobreza y marginación cultural, con el agregado pernicioso de que ahora hay miles de personas cuya cultura de dependencia respecto del Estado y el poder político de turno se ha incrementado.
No es serio que se manifieste que ahora algunos se pueden comprar el vino y los celulares. Eso es una frivolidad descomunal y ofende a los que menos tienen al tratarlos de esa forma. El Mides debe ser reorientado. El Estado no puede permitir el montaje de ese aparato al servicio de un partido político.
El Estado debe hacer políticas sociales en serio: seguimos teniendo un embarazo adolescente enorme, de los 47.000 nacimientos que tiene el país, cerca de la quinta parte son embarazos de jovencitas. Y esto solo se frena con planificación y educación porque en este país de gente humilde que se reproduce y de gente calificada que se va, la ecuación va a explotar en pocos años. Ya no nos podemos hacer los distraídos ante este drama. Estamos delante de una bomba, ¿no se adviedrte la ruptura social?, Si no se toman cartas en el asunto esto termina en tragedia nacional. Los más humildes tienen 4 o 5 hijos, los demás miran. ¿Cómo termina esto si no se actúa con sentido común y responsabilidad? ¿ o acaso esto es solo parte de una estrategia prebendaria y clientelística que busca la perpetuación en el poder a través de la degradación social?
Quiero ser…..
Todas estas visiones son solo un comienzo de una construcción que iremos profundizando en los tiempos que vienen.
Ha llegado el momento entonces que este partido emprenda la renovación generacional en toda su dimensión. Y en ese sentido, ustedes no han sido convocados hoy a asistir a una muestra de ambición personal. Todo lo contrario. Este es un acto de vocación y compromiso por la defensa de nuestras convicciones más profundas.
Por eso quise describir algunas de mis miradas sobre la vida de la República. Y lo hice porque en estos momentos difíciles quiero que sepan por donde van mis cavilaciones. Y cuando el partido está transformándose, lo primero son las ideas, siempre las ideas.
Por eso quise contarles algunas de mis propuestas. Estas son fruto de una larga experiencia en la vida política y son consecuencia de un análisis exhaustivo y permanente de la problemática pública. Ustedes saben, no son improvisaciones de último momento.
Y con estas ideas por delante, con la franqueza y determinación que siempre he tenido en la vida política,
Quiero trabajar por una nación en serio, para encolumnar al país en una corriente de tolerancia y libertad, quiero enterrar los embates autoritarios a los que nos someten día a día y quiero hacer del Uruguay el país modelo que todos los uruguayos nos merecemos.
Por todo esto les digo, con mi más profunda convicción y orgullo que quiero ser el candidato a presidente por el Partido Colorado.
Muchas gracias.
jueves, marzo 29, 2007
viernes, marzo 23, 2007
LA DOBLE MORAL FRENTISTA
(Publicado - El Observador 21/03/07)
El Frente Amplio siempre impartió lecciones de moral pública a toda la sociedad uruguaya. Es así que buena parte de sus críticas apuntaron siempre a la supuesta corrupción endémica de los partidos tradicionales, a sus prácticas opacas, a sus negociados, a sus acomodos, en fin, sobran ejemplos de imputaciones criminales. Y cuando no podían afirmar en público lo que se les antojaba, lanzaban una ola de rumores de resultados devastadores para el honor de la víctima de turno. En más de un caso, destrozaron la honorabilidad de gente que llegó a tener que retirarse de las calles por temor a que los lincharan. Esa es la triste verdad del talante de muchos de los actuales gobernantes. Por las buenas o por las malas, pero “las tenés que pagar, inmundo burgués”.
Hoy, pasados algunos años, es increíble advertir cómo cambian las cosas. Porque todo aquello que el Frente criticó resulta que, ahora, se asume con un entusiasmo y una devoción que dejan perplejos al más distraído observador. Por eso los últimos pensamientos de Zabalza no son los de un resentido con pocos votos, sino los de un desencantado ante la traición a los postulados de siempre, aquellos que la izquierda defendió a toda hora. El tipo será, sí, un dogmático de los 60, pero pega en el clavo cuando desnuda todo el travestismo que el gobierno tiene. Ese de los sapos, las culebras y los cocodrilos. El de “así como te digo una cosa, te digo la otra”. El del cinismo devenido picardía virtuosa.
Causa pena, en realidad, advertir cómo se vienen aburguesando los gobernantes con sus autos oficiales, sus viajes por el mundo, sus cambios de estética, sus soberbias a flor de piel y sus nuevos amigos empresarios. Permítame, lector, detenerme un segundo en este asunto. Ver almorzar a viejos revolucionarios con lo más granado del capitalismo prebendario criollo en restaurantes de la Ciudad Vieja es una delicia para los ojos. Y causa sorpresa ver cómo los viejos “enemigos de clase” de ayer, hoy son socios de tantos sueños…
Es que —parece— estaría naciendo una nueva “rosca” —al estilo de la “boli-burguesía” chavista— que con sigilo viene mezclando áreas del sector privado y áreas del sector público. Quieren influir sobre el devenir económico de la república y lo hacen tejiendo acuerdos que les permitan seguir en la fiesta. Desde abogados connotados que están simultáneamente en el gobierno y en los estrados judiciales, a senadores que cinchan por meterle un garrón al Estado, pasando por jerarcas que en los casinos se rifaron 13 millones de dólares mientras repartían canonjías entre amigos y familiares, hasta otros reciclados funcionarios que los echaron en la gestión municipal de Vázquez y ahora les tiran un cabito en el gobierno, o empresarios ansiosos por disputar prebendas del Estado fabricante de rentas. Hay de todo como en botica.
Qué pintoresco recordar cuando la izquierda decía que la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción eran lo mismo. Ahora —parece— son cosas diferentes. Cualquier cosa vale por la “responsabilidad” que tienen que asumir como gobernantes.
Uruguay siempre peleó por no ser un paisito bananero y destacarse en el concierto regional ante tanto atropello antidemocrático y tanta locura política. Por eso siempre miramos a la Argentina peronista de reojo. Porque no le creemos su vocación democrática. Por eso sospechamos siempre de la fragilidad del sistema político brasilero, porque no se crean partidos fuertes de un día para el otro. Esa es la verdad.
La decadencia en la que nos estamos metiendo con un gobierno esquizofrénico, de gerontes que parecen recorrer sólo dos caminos extremos: el cobro de viejas facturas, la ignorancia y el dogmatismo, o el posmodernismo ético, para el que “todo es igual, nada es mejor”. Es impresionante. Pero la fiesta ya se está acabando y empiezan a verse las arrugas y el maquillaje.
Hoy, pasados algunos años, es increíble advertir cómo cambian las cosas. Porque todo aquello que el Frente criticó resulta que, ahora, se asume con un entusiasmo y una devoción que dejan perplejos al más distraído observador. Por eso los últimos pensamientos de Zabalza no son los de un resentido con pocos votos, sino los de un desencantado ante la traición a los postulados de siempre, aquellos que la izquierda defendió a toda hora. El tipo será, sí, un dogmático de los 60, pero pega en el clavo cuando desnuda todo el travestismo que el gobierno tiene. Ese de los sapos, las culebras y los cocodrilos. El de “así como te digo una cosa, te digo la otra”. El del cinismo devenido picardía virtuosa.
Causa pena, en realidad, advertir cómo se vienen aburguesando los gobernantes con sus autos oficiales, sus viajes por el mundo, sus cambios de estética, sus soberbias a flor de piel y sus nuevos amigos empresarios. Permítame, lector, detenerme un segundo en este asunto. Ver almorzar a viejos revolucionarios con lo más granado del capitalismo prebendario criollo en restaurantes de la Ciudad Vieja es una delicia para los ojos. Y causa sorpresa ver cómo los viejos “enemigos de clase” de ayer, hoy son socios de tantos sueños…
Es que —parece— estaría naciendo una nueva “rosca” —al estilo de la “boli-burguesía” chavista— que con sigilo viene mezclando áreas del sector privado y áreas del sector público. Quieren influir sobre el devenir económico de la república y lo hacen tejiendo acuerdos que les permitan seguir en la fiesta. Desde abogados connotados que están simultáneamente en el gobierno y en los estrados judiciales, a senadores que cinchan por meterle un garrón al Estado, pasando por jerarcas que en los casinos se rifaron 13 millones de dólares mientras repartían canonjías entre amigos y familiares, hasta otros reciclados funcionarios que los echaron en la gestión municipal de Vázquez y ahora les tiran un cabito en el gobierno, o empresarios ansiosos por disputar prebendas del Estado fabricante de rentas. Hay de todo como en botica.
Qué pintoresco recordar cuando la izquierda decía que la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción eran lo mismo. Ahora —parece— son cosas diferentes. Cualquier cosa vale por la “responsabilidad” que tienen que asumir como gobernantes.
Uruguay siempre peleó por no ser un paisito bananero y destacarse en el concierto regional ante tanto atropello antidemocrático y tanta locura política. Por eso siempre miramos a la Argentina peronista de reojo. Porque no le creemos su vocación democrática. Por eso sospechamos siempre de la fragilidad del sistema político brasilero, porque no se crean partidos fuertes de un día para el otro. Esa es la verdad.
La decadencia en la que nos estamos metiendo con un gobierno esquizofrénico, de gerontes que parecen recorrer sólo dos caminos extremos: el cobro de viejas facturas, la ignorancia y el dogmatismo, o el posmodernismo ético, para el que “todo es igual, nada es mejor”. Es impresionante. Pero la fiesta ya se está acabando y empiezan a verse las arrugas y el maquillaje.
miércoles, marzo 07, 2007
MESIANISMO FUNDACIONAL
(Publicado - El Observador 7/03/07)
Más allá de los comentarios que el tedioso discurso presidencial del pasado 2 de marzo pueda despertar, resulta importante subrayar la relevancia semiótica del acto en sí. Porque el mismo, sin duda alguna, emerge como un ícono del mesianismo fundacional que informa la gestión gubernamental del Frente Amplio. No se trata, solamente, del olímpico desprecio por la Constitución —aunque también— sino de la voluntad explícita de quebrar con una arraigada y saludable tradición cívica nacional que ubica al Presidente de la República por encima de las manifestaciones de carácter partidario.
El acto del 2 de marzo, por cierto, no ha sido la única expresión de ese —por así decirlo— intoxicado “estado del alma”, que afecta no sólo al Presidente Vázquez sino al conjunto del accionar oficialista. Las diferentes circunstancias por las que viene atravesando la Educación es otro ejemplo significativo. Desde la participación de legisladores oficialistas en las aulas, impartiendo cátedra desde su estrecha visión partidaria, hasta el empeño institucional por brindar una versión de la historia del país consistente con el relato que ha construido la izquierda a lo largo de las últimas cuatro décadas. Subyace ahí una concepción que podría sintetizarse en un “Ahora nos toca a nosotros”.
Hasta en aquellos aspectos en que se ha optado por preservar políticas e instrumentos iniciados en anteriores administraciones, se los presenta como algo nuevo. Porque —parece— ahora sí son confiables por estar en buenas manos. Por ese motivo la coherencia con el discurso vigente hasta el 31 de octubre de 2004 es cuestión accesoria. Desde el hybris (como llamaban los antiguos griegos al exceso, a la soberbia) todo lo que se haga está bendecido —o no, cuando viene de antes— por su origen, antes que por sus virtudes objetivas. La pila bautismal del Frente Amplio santifica todo. Personas y políticas. Porque se tiene la íntima convicción de la intrínseca bondad de “los nuestros”. Ni más ni menos que el terrible “pensamiento grupal”. Como explican los sociólogos David Kopel y Paul Blackman “los grupos propensos a incurrir en pensamiento grupal, frecuentemente sobrestiman la moralidad e invulnerabilidad de su propio grupo, a la vez que estereotipan a los grupos de afuera”. Mejor definición del Frente Amplio es difícil de encontrar.
Esa concepción también es la que conduce al desprecio por las formalidades jurídicas, por la vía de interpretarlas antojadizamente. Se ignora —genuinamente se ignora— que las normas representan bastante más que herramientas jurídicas funcionales a un proyecto de poder. Se trata de respetar su sustancia, porque el Derecho —con mayúscula— es sustancia o no es nada. Algo que difícilmente entienda quien cree que está refundando la Nación.
El problema estriba en que las naciones no se refundan. Porque constituyen una realidad sustentada en la acción cotidiana de millones de personas a lo largo de la historia que, espontáneamente, al impulso de las necesidades de su tiempo, van tejiendo esa trama sutil de valores, costumbres, virtudes y defectos que, en definitiva, constituyen una nación. Por eso mismo, cuando los aspirantes a ingenieros sociales, en ancas de un voluntarismo soberbio y cándido, pretenden montar su utopía a contrapelo de la cultura, terminan fracasando. Pero en el camino al fracaso, sacrifican gente. Porque se sienten con títulos —por esa convicción en la intrínseca bondad propia— para imponer su proyecto por los medios que fuere.
El acto del 2 de marzo, por cierto, no ha sido la única expresión de ese —por así decirlo— intoxicado “estado del alma”, que afecta no sólo al Presidente Vázquez sino al conjunto del accionar oficialista. Las diferentes circunstancias por las que viene atravesando la Educación es otro ejemplo significativo. Desde la participación de legisladores oficialistas en las aulas, impartiendo cátedra desde su estrecha visión partidaria, hasta el empeño institucional por brindar una versión de la historia del país consistente con el relato que ha construido la izquierda a lo largo de las últimas cuatro décadas. Subyace ahí una concepción que podría sintetizarse en un “Ahora nos toca a nosotros”.
Hasta en aquellos aspectos en que se ha optado por preservar políticas e instrumentos iniciados en anteriores administraciones, se los presenta como algo nuevo. Porque —parece— ahora sí son confiables por estar en buenas manos. Por ese motivo la coherencia con el discurso vigente hasta el 31 de octubre de 2004 es cuestión accesoria. Desde el hybris (como llamaban los antiguos griegos al exceso, a la soberbia) todo lo que se haga está bendecido —o no, cuando viene de antes— por su origen, antes que por sus virtudes objetivas. La pila bautismal del Frente Amplio santifica todo. Personas y políticas. Porque se tiene la íntima convicción de la intrínseca bondad de “los nuestros”. Ni más ni menos que el terrible “pensamiento grupal”. Como explican los sociólogos David Kopel y Paul Blackman “los grupos propensos a incurrir en pensamiento grupal, frecuentemente sobrestiman la moralidad e invulnerabilidad de su propio grupo, a la vez que estereotipan a los grupos de afuera”. Mejor definición del Frente Amplio es difícil de encontrar.
Esa concepción también es la que conduce al desprecio por las formalidades jurídicas, por la vía de interpretarlas antojadizamente. Se ignora —genuinamente se ignora— que las normas representan bastante más que herramientas jurídicas funcionales a un proyecto de poder. Se trata de respetar su sustancia, porque el Derecho —con mayúscula— es sustancia o no es nada. Algo que difícilmente entienda quien cree que está refundando la Nación.
El problema estriba en que las naciones no se refundan. Porque constituyen una realidad sustentada en la acción cotidiana de millones de personas a lo largo de la historia que, espontáneamente, al impulso de las necesidades de su tiempo, van tejiendo esa trama sutil de valores, costumbres, virtudes y defectos que, en definitiva, constituyen una nación. Por eso mismo, cuando los aspirantes a ingenieros sociales, en ancas de un voluntarismo soberbio y cándido, pretenden montar su utopía a contrapelo de la cultura, terminan fracasando. Pero en el camino al fracaso, sacrifican gente. Porque se sienten con títulos —por esa convicción en la intrínseca bondad propia— para imponer su proyecto por los medios que fuere.
miércoles, enero 24, 2007
FAROPPA, ALIAS EL PASTOR WARREN
(Publicado - El Observador 24/01/07)
Puede ser que crean que somos todos tontos. Puede ser que nos estén tomando el pelo. Puede ser también que se han creído que son la refundación del Estado uruguayo y desde ese pedestal pretenden ilustrarnos sobre cómo debe ser el nuevo comportamiento de la nación. En fin, todo esto puede ser parte de la enorme soberbia que les aparece a varios funcionarios del actual gobierno cada vez que abren la boca.
Algo de eso se trasluce en el aspirante a Ministro del Interior, el actual subsecretario Juan Faroppa, en su reportaje a “Búsqueda” de hace pocos días. Si uno está desprevenido y no sabe cómo son las cosas hasta puede llegar a creerle algunas afirmaciones por su talante firme y su verbo entusiasta. Si habrá que estar atento.
Este discurso duro que muestra el subsecretario (“no va a pasar una”) nada tiene que ver con el humanismo romántico del ministro. El ministro cree en la “humanización carcelaria”, en los “piquetes artiguistas” y en la firme consideración hacia los infractores de la ley. Así lo ha demostrado durante estos primeros dos años. Esa ha sido su funesta marca de gestión en el área de la seguridad pública. El subsecretario ahora, como si nada sucediera, afirma lo contrario. Alguien de los dos se está riendo de los uruguayos, porque ambos discursos son objetivamente irreconciliables dentro de un mismo gobierno. Esto lo advierte cualquiera.
No puede estar hablando en serio el señor subsecretario al afirmar que “nosotros hemos impulsado la ley de procedimiento policial… parece de locos, tiene que venir un gobierno de izquierda… para que sucediera”. La verdad es que la izquierda siempre ha creído que no es bueno darle más poderes a la policía porque, entre otras cosas, bajo una mirada conspirativa, cree que esta institución potenciada puede ser un peligro para todos. Por eso, además, jamás en todos estos años la izquierda puso una ficha a favor de la policía y por eso en todas las leyes de seguridad pública siempre, repito siempre, fueron los legisladores del Frente Amplio los que se oponían a ese tipo de iniciativas. Es más, en general se creyó que era un espacio vinculado a los partidos tradicionales y por eso también siempre existió una enorme desconfianza hacia ese ámbito estatal.
Lo que resulta, además, extraño en un supuesto experto en materia de seguridad pública -tan experto que colaboró con ahínco con los gobiernos anteriores en los programas de seguridad pública- es su convicción unidireccional de que con una mejora socioeconómica la delincuencia va a bajar. Esto no necesariamente es así, no está probado que sea así en ninguna parte del mundo, y la inseguridad y la violencia tienen causas mucho más complejas que no se pueden resolver de manera infantil, tal como lo plantea el entusiasta aspirante a ministro. (Ni Sarkozy en Francia, ni Giuliani en New York, tenían el problema socioeconómico y tuvieron dramas de violencia feroces. Eso sí, un día decidieron que había que parar el chorro y con la ley en la mano, la aplicaron a rajatabla.)
Hay algo del pastor Warren –aquel personaje con que Les Luthiers parodiaban a los caretas religiosos televisivos- en las expresiones del viceministro al creer que si el delincuente elige “el camino del bien, te vas a santificar, si elegís el camino del mal, no te lo voy a perdonar, no va a pasar una”. Esta es la típica ingenuidad de creer que desde el Estado todo se puede resolver. Es la misma ingenuidad que se tiene en el Ministerio de Desarrollo Social al entregar dinero y creer que automáticamente la gente cambia. Lamentablemente, las cosas no se presentan de esa forma. Todo es mucho más complicado y el aspirante sabe bien esto.
Hoy la inseguridad es un problema de todas las sociedades y en cada caso hay causas diversas en su presentación. Lo que está claro es que ya no hay recetas dogmáticas que “salven” a una sociedad. ¡Por favor! Un poquito de sentido común no vendría mal y sería bueno que se pusieran de acuerdo sobre lo que hay que decir. La gente merece respeto.
Algo de eso se trasluce en el aspirante a Ministro del Interior, el actual subsecretario Juan Faroppa, en su reportaje a “Búsqueda” de hace pocos días. Si uno está desprevenido y no sabe cómo son las cosas hasta puede llegar a creerle algunas afirmaciones por su talante firme y su verbo entusiasta. Si habrá que estar atento.
Este discurso duro que muestra el subsecretario (“no va a pasar una”) nada tiene que ver con el humanismo romántico del ministro. El ministro cree en la “humanización carcelaria”, en los “piquetes artiguistas” y en la firme consideración hacia los infractores de la ley. Así lo ha demostrado durante estos primeros dos años. Esa ha sido su funesta marca de gestión en el área de la seguridad pública. El subsecretario ahora, como si nada sucediera, afirma lo contrario. Alguien de los dos se está riendo de los uruguayos, porque ambos discursos son objetivamente irreconciliables dentro de un mismo gobierno. Esto lo advierte cualquiera.
No puede estar hablando en serio el señor subsecretario al afirmar que “nosotros hemos impulsado la ley de procedimiento policial… parece de locos, tiene que venir un gobierno de izquierda… para que sucediera”. La verdad es que la izquierda siempre ha creído que no es bueno darle más poderes a la policía porque, entre otras cosas, bajo una mirada conspirativa, cree que esta institución potenciada puede ser un peligro para todos. Por eso, además, jamás en todos estos años la izquierda puso una ficha a favor de la policía y por eso en todas las leyes de seguridad pública siempre, repito siempre, fueron los legisladores del Frente Amplio los que se oponían a ese tipo de iniciativas. Es más, en general se creyó que era un espacio vinculado a los partidos tradicionales y por eso también siempre existió una enorme desconfianza hacia ese ámbito estatal.
Lo que resulta, además, extraño en un supuesto experto en materia de seguridad pública -tan experto que colaboró con ahínco con los gobiernos anteriores en los programas de seguridad pública- es su convicción unidireccional de que con una mejora socioeconómica la delincuencia va a bajar. Esto no necesariamente es así, no está probado que sea así en ninguna parte del mundo, y la inseguridad y la violencia tienen causas mucho más complejas que no se pueden resolver de manera infantil, tal como lo plantea el entusiasta aspirante a ministro. (Ni Sarkozy en Francia, ni Giuliani en New York, tenían el problema socioeconómico y tuvieron dramas de violencia feroces. Eso sí, un día decidieron que había que parar el chorro y con la ley en la mano, la aplicaron a rajatabla.)
Hay algo del pastor Warren –aquel personaje con que Les Luthiers parodiaban a los caretas religiosos televisivos- en las expresiones del viceministro al creer que si el delincuente elige “el camino del bien, te vas a santificar, si elegís el camino del mal, no te lo voy a perdonar, no va a pasar una”. Esta es la típica ingenuidad de creer que desde el Estado todo se puede resolver. Es la misma ingenuidad que se tiene en el Ministerio de Desarrollo Social al entregar dinero y creer que automáticamente la gente cambia. Lamentablemente, las cosas no se presentan de esa forma. Todo es mucho más complicado y el aspirante sabe bien esto.
Hoy la inseguridad es un problema de todas las sociedades y en cada caso hay causas diversas en su presentación. Lo que está claro es que ya no hay recetas dogmáticas que “salven” a una sociedad. ¡Por favor! Un poquito de sentido común no vendría mal y sería bueno que se pusieran de acuerdo sobre lo que hay que decir. La gente merece respeto.
miércoles, enero 10, 2007
PAGAN, LOS NABOS DE SIEMPRE
(Publicado - El Observador 10/01/07)
Si por alguna razón usted creyó que “el cambio” era en serio, lo lamento, bienvenido al club de la realidad, en el que todo lo prometido devino ilusión óptica y donde los cambios operados consisten, apenas, en histórico engorde del aparato estatal.
Los incrementos en los impuestos ya se están haciendo sentir. Los servicios públicos ajustan sus tarifas incrementando notoriamente lo que se les debe abonar. Y la reforma impositiva viene a toda máquina para desguasar a los sectores emprendedores del país. Agréguese a esta fiestita la reforma de la salud y el panorama está completo.
La premisa que reza “que paguen más los que tienen más” no se va a cumplir, porque los que tienen verdaderos recursos —menos de los que se imaginan, por cierto— hace rato que evitaron estas nuevas formas de tributación. En realidad, va a succionar a los nabos de siempre, al decir de Tomas Lynn, que sólo viven de lo que producen y de sus largas horas dedicadas al trabajo. A esa gente que vive de sus salarios, mejores o peores, a todos ellos se los encierra y se los castiga por tener un éxito relativo.
El gobierno —y su mirada tributaria— está matando el espíritu emprendedor, porque al que empuja, al que sobresale en mérito a su esfuerzo, se lo degüella sin contemplación. Este país, que era relativamente justo en relación al esfuerzo de los que se rompían el alma para alcanzar algunas mejoras, ahora se transforma en endemoniado, al sacarle injustamente un pedazo importante de lo que mucho ciudadano se había ganado en buena ley. Y lo peor es que no se va a terminar haciendo obra social con lo recaudado sino que va a terminar alimentando nuevas estructuras. Por ejemplo, la aun inexplicable “Agencia Nacional de Vivienda” (¿otro actor estatal más en esa área?), que en pocos años se va a gastar varias decenas de millones de dólares. O las siempre complejas y sorprendentes inversiones de ANCAP o de UTE. O las burocracias de siempre, que no paran de crecer jamás por estas tierras. Será que los uruguayos creemos que por alguna razón divina alguien nos va a salvar de todos los excesos que se cometen…
No hay que ser “neoliberal” para entender que, algún día, llegará la hora en que haya que salirse de algunas áreas en las que el Estado demuestra ser un desastre y abocarse a otras en las que por razones sociales no se puede desertar.
El Estado —con aviones, con emprendimientos comerciales de cualquier tipo, con escenarios desmonopolizados y con competidores con espaldas enormes— tiene que elegir muy bien los ring sides donde ir a tirar alguna piña porque, de lo contrario, la paliza puede ser descomunal. Hasta ahora, excepto alguna honrosa excepción en alguna empresa pública, lo que se ha visto es bastante pobretón como para advertir que allí pueda configurarse un Uruguay productivo. Más bien improductiva viene la bocha. Y con secuelas que vamos a tener que pagar todos, porque mucho improvisado en la dirección de las empresas públicas se cree que es empresario de verdad y termina jugando con el dinero... de todos.
La capacidad contributiva de la gente está saturada y eso el gobierno no lo advierte. Y como si fuera una trilogía mortal, son siempre los mismos nabos los que pagan las aventuras de cada rama del Estado que improvisa con sus reformas. Si se observa con atención, son los mismos emprendedores los que pagarán la reforma tributaria, la de la salud y las deliciosas contribuciones de Montevideo y Canelones. ¿Tendrá tanto resto esta gente? ¿Aguantarán en silencio tantos uruguayos, que están siendo vejados por un Estado que la emprendió contra ellos como si fueran pecadores (en la psicótica lógica oficial, lo son)?
Habrá que pensar cómo los demócratas, defensores del Estado de Derecho, ayudamos al país a sortear estos embates. Hay mucho trabajo por delante y sería prudente que todos aquellos que hasta ahora creían que movilizarse era innecesario, vayan cambiando de opinión. Porque sin movimiento, no se va a poder detener nada.
Los incrementos en los impuestos ya se están haciendo sentir. Los servicios públicos ajustan sus tarifas incrementando notoriamente lo que se les debe abonar. Y la reforma impositiva viene a toda máquina para desguasar a los sectores emprendedores del país. Agréguese a esta fiestita la reforma de la salud y el panorama está completo.
La premisa que reza “que paguen más los que tienen más” no se va a cumplir, porque los que tienen verdaderos recursos —menos de los que se imaginan, por cierto— hace rato que evitaron estas nuevas formas de tributación. En realidad, va a succionar a los nabos de siempre, al decir de Tomas Lynn, que sólo viven de lo que producen y de sus largas horas dedicadas al trabajo. A esa gente que vive de sus salarios, mejores o peores, a todos ellos se los encierra y se los castiga por tener un éxito relativo.
El gobierno —y su mirada tributaria— está matando el espíritu emprendedor, porque al que empuja, al que sobresale en mérito a su esfuerzo, se lo degüella sin contemplación. Este país, que era relativamente justo en relación al esfuerzo de los que se rompían el alma para alcanzar algunas mejoras, ahora se transforma en endemoniado, al sacarle injustamente un pedazo importante de lo que mucho ciudadano se había ganado en buena ley. Y lo peor es que no se va a terminar haciendo obra social con lo recaudado sino que va a terminar alimentando nuevas estructuras. Por ejemplo, la aun inexplicable “Agencia Nacional de Vivienda” (¿otro actor estatal más en esa área?), que en pocos años se va a gastar varias decenas de millones de dólares. O las siempre complejas y sorprendentes inversiones de ANCAP o de UTE. O las burocracias de siempre, que no paran de crecer jamás por estas tierras. Será que los uruguayos creemos que por alguna razón divina alguien nos va a salvar de todos los excesos que se cometen…
No hay que ser “neoliberal” para entender que, algún día, llegará la hora en que haya que salirse de algunas áreas en las que el Estado demuestra ser un desastre y abocarse a otras en las que por razones sociales no se puede desertar.
El Estado —con aviones, con emprendimientos comerciales de cualquier tipo, con escenarios desmonopolizados y con competidores con espaldas enormes— tiene que elegir muy bien los ring sides donde ir a tirar alguna piña porque, de lo contrario, la paliza puede ser descomunal. Hasta ahora, excepto alguna honrosa excepción en alguna empresa pública, lo que se ha visto es bastante pobretón como para advertir que allí pueda configurarse un Uruguay productivo. Más bien improductiva viene la bocha. Y con secuelas que vamos a tener que pagar todos, porque mucho improvisado en la dirección de las empresas públicas se cree que es empresario de verdad y termina jugando con el dinero... de todos.
La capacidad contributiva de la gente está saturada y eso el gobierno no lo advierte. Y como si fuera una trilogía mortal, son siempre los mismos nabos los que pagan las aventuras de cada rama del Estado que improvisa con sus reformas. Si se observa con atención, son los mismos emprendedores los que pagarán la reforma tributaria, la de la salud y las deliciosas contribuciones de Montevideo y Canelones. ¿Tendrá tanto resto esta gente? ¿Aguantarán en silencio tantos uruguayos, que están siendo vejados por un Estado que la emprendió contra ellos como si fueran pecadores (en la psicótica lógica oficial, lo son)?
Habrá que pensar cómo los demócratas, defensores del Estado de Derecho, ayudamos al país a sortear estos embates. Hay mucho trabajo por delante y sería prudente que todos aquellos que hasta ahora creían que movilizarse era innecesario, vayan cambiando de opinión. Porque sin movimiento, no se va a poder detener nada.
miércoles, diciembre 27, 2006
¿QUÉ SERÁ DE NOSOTROS?
(Publicado - El Observador 27/12/06)
A esta altura ya parece claro que en Uruguay se acaba la fiesta. El gobierno se dispone a dibujar sus sueños y, con ellos, va a hacer añicos al Uruguay emprendedor de una forma u otra. No hay escapatoria. Conviene saberlo y estar preparados para cuando el dolor sea mayor. Y pensar que muchos creímos que había madurez en algunos gobernantes como para advertir que hay aventuras que salen muy caras…
Sin vueltas, acá con la reforma tributaria, con los reaforos inmobiliarios y sus consecuentes incrementos en la contribución inmobiliaria en Montevideo y Canelones y sus impuestos derivados (tributo domiciliario, Primaria y tasa de saneamiento) y con la futura reforma de la salud, lo único que se está haciendo es ahogar a los sectores medios de la población (trabajadores y jubilados), procurando hacer una distribución autoritaria de recursos de un lado para el otro.
Que quede claro: nadie niega la justicia de mejorar la calidad de vida de los más desprotegidos. Pero ese objetivo no se puede lograr “degollando” a las clases medias emprendedoras, que se pasaron una vida luchando para estar un poco mejor.
Los sectores emprendedores ya no son la burguesía especuladora (aquella que la izquierda advertía como “la rosca”) sino gente que se “rompió el alma” trabajando para salir adelante. No son por cierto “ricos”, sino gente que tuvo el talento y la voluntad de sortear obstáculos para llegar un poco más lejos que otros, sólo fruto de su esfuerzo y coraje. Son los padres y los abuelos de muchos uruguayos de hoy, que llegaron descalzos al país y lograron llegar a algún puerto. Pero que quede claro, no son Onassis, son sólo uruguayos que no supieron lo que eran las vacaciones, que sudaron la gota gorda y que trabajaron en mil cosas para que sus hijos tuvieran lo que ellos no tuvieron jamás.
La filosofía tributaria del gobierno entiende que el éxito que alcanzaron es un pecado, o un exceso, y por ello se siente con la autoridad política de proponer este nuevo contrato social por razones que equivocadamente entiende de interés general. Se consagra, así, el congelamiento de la pirámide social. En adelante, el progreso personal fruto del esfuerzo, será oficialmente castigado y nadie se sentirá estimulado a mejorar. Total... ¿para qué?
Resulta curioso que el gobierno no advierta que este tipo de políticas, tan agresivas hacia los que hacen mover la economía, terminará generando una contracción, sea como fuere. Es una película que todos ya vieron y que todos conocen su final.
La inquietud, la preocupación y el temor de muchos ciudadanos ante el atropello del Estado succionador sólo va a generar muy negativas consecuencias en las más diversas áreas. El incremento de los alquileres es un dato revelador que lo acaban de reseñar especialistas muy próximos al propio gobierno. La construcción de viviendas notoriamente se afecta con el nuevo mapa tributario. Ya es un rumor a voces lo que pretenden hacer algunos profesionales para evitar la presión tributaria. El mercado negro y el informalismo van a festejar. Y la plata de muchos se va a ir a bancos del exterior para no volver jamás. Son sólo las primeras señales de un desastre que no se entiende como no se lo advierte desde las alturas gubernamentales.
Por cierto, es casi una ofensa considerar a los uruguayos conejillos de indias al anunciar que si algo sale mal con estas reformas, se las corregirá oportunamente. La ciudadanía no está para que la vayan tanteando y que se juegue con el destino nacional de una manera casi frívola. Es injusto con todos los uruguayos plantear las cosas de ese modo tan superficial y tan doloroso a la vez.
Lo único que nadie podrá decir es que no se levantaron voces anunciando la tormenta. Lo hemos hecho en la medida de nuestras posibilidades y lo seguiremos haciendo, por la defensa de los derechos adquiridos de aquellos que, de un día para el otro, verán cómo el Estado se los lleva por delante de la manera más grosera posible.
Sin vueltas, acá con la reforma tributaria, con los reaforos inmobiliarios y sus consecuentes incrementos en la contribución inmobiliaria en Montevideo y Canelones y sus impuestos derivados (tributo domiciliario, Primaria y tasa de saneamiento) y con la futura reforma de la salud, lo único que se está haciendo es ahogar a los sectores medios de la población (trabajadores y jubilados), procurando hacer una distribución autoritaria de recursos de un lado para el otro.
Que quede claro: nadie niega la justicia de mejorar la calidad de vida de los más desprotegidos. Pero ese objetivo no se puede lograr “degollando” a las clases medias emprendedoras, que se pasaron una vida luchando para estar un poco mejor.
Los sectores emprendedores ya no son la burguesía especuladora (aquella que la izquierda advertía como “la rosca”) sino gente que se “rompió el alma” trabajando para salir adelante. No son por cierto “ricos”, sino gente que tuvo el talento y la voluntad de sortear obstáculos para llegar un poco más lejos que otros, sólo fruto de su esfuerzo y coraje. Son los padres y los abuelos de muchos uruguayos de hoy, que llegaron descalzos al país y lograron llegar a algún puerto. Pero que quede claro, no son Onassis, son sólo uruguayos que no supieron lo que eran las vacaciones, que sudaron la gota gorda y que trabajaron en mil cosas para que sus hijos tuvieran lo que ellos no tuvieron jamás.
La filosofía tributaria del gobierno entiende que el éxito que alcanzaron es un pecado, o un exceso, y por ello se siente con la autoridad política de proponer este nuevo contrato social por razones que equivocadamente entiende de interés general. Se consagra, así, el congelamiento de la pirámide social. En adelante, el progreso personal fruto del esfuerzo, será oficialmente castigado y nadie se sentirá estimulado a mejorar. Total... ¿para qué?
Resulta curioso que el gobierno no advierta que este tipo de políticas, tan agresivas hacia los que hacen mover la economía, terminará generando una contracción, sea como fuere. Es una película que todos ya vieron y que todos conocen su final.
La inquietud, la preocupación y el temor de muchos ciudadanos ante el atropello del Estado succionador sólo va a generar muy negativas consecuencias en las más diversas áreas. El incremento de los alquileres es un dato revelador que lo acaban de reseñar especialistas muy próximos al propio gobierno. La construcción de viviendas notoriamente se afecta con el nuevo mapa tributario. Ya es un rumor a voces lo que pretenden hacer algunos profesionales para evitar la presión tributaria. El mercado negro y el informalismo van a festejar. Y la plata de muchos se va a ir a bancos del exterior para no volver jamás. Son sólo las primeras señales de un desastre que no se entiende como no se lo advierte desde las alturas gubernamentales.
Por cierto, es casi una ofensa considerar a los uruguayos conejillos de indias al anunciar que si algo sale mal con estas reformas, se las corregirá oportunamente. La ciudadanía no está para que la vayan tanteando y que se juegue con el destino nacional de una manera casi frívola. Es injusto con todos los uruguayos plantear las cosas de ese modo tan superficial y tan doloroso a la vez.
Lo único que nadie podrá decir es que no se levantaron voces anunciando la tormenta. Lo hemos hecho en la medida de nuestras posibilidades y lo seguiremos haciendo, por la defensa de los derechos adquiridos de aquellos que, de un día para el otro, verán cómo el Estado se los lleva por delante de la manera más grosera posible.
miércoles, diciembre 13, 2006
PINOCHET HOY, FIDEL MAÑANA
(Publicado - El Observador 13/12/06)
La muerte de los dictadores es uno de los episodios que, cuando nos toca vivirlos en tiempo real, generan las más diversas reacciones. Los dictadores son seres deleznables, que el día que rompen el modelo democrático saben que hicieron un pacto con el demonio y que, de una forma u otra, van a pagar por sus consecuencias. Alguien paga sus atropellos, sus violaciones a los derechos humanos, sus sueños megalómanos delirantes. Siempre alguien paga esa factura.
Lo que resulta extraño es que, para analizar con inteligencia una muerte, se busquen expresiones diplomáticas para decir —en el fondo— que dejó de existir un ser maldito, que si no hubiera nacido habría sido mucho mejor para todos. Supongo que la muerte tiene alguna magia. Esa u otra. En nuestro país también se advierte cómo la muerte de gente increíble, produce una beatificación automática. Y esos personajes —hasta ayer rechazados— ahora en el otro mundo son mitologizados de manera inimaginable.
Pinochet fue un golpista de la peor calaña, un militar que traicionó su juramento constitucional, al Presidente que lo designó y depositó su confianza en él, a su corporación y al pueblo chileno. Fue también un personaje corrupto, que se hizo obscenamente rico de una manera que algún día habrá que terminar de aclarar.
Es cierto, sí, que en lo económico supo orientar a Chile hacia un Estado más eficiente y una economía moderna (contando con la fuerza bruta para licuar los costos del experimento, claro). Pero nada de ello lo disculpa en lo más mínimo. Ni siquiera sirve como argumento de nada, porque el terreno del Estado de Derecho nada tiene que ver con el de la economía y el bienestar. Los que argumentan así, en el fondo nos están estafando, porque están mezclando agua con aceite. Es equivalente a la “justificación” de las violaciones a los derechos humanos en la Cuba de Fidel, en razón de sus supuestos éxitos en el campo de la salud o la educación. ¿La prosperidad —aun si fuera genuina— valida el paredón, la capucha, la picana, las mazmorras y las fosas comunes?
Claro, estamos en un tiempo en el que los antiguos movimientos revolucionarios latinoamericanos viven su mejor hora. Reinterpretan la historia como lo desean. Se exhiben “robinhoodescos” y todo el río de sangre que hicieron correr, se lo disimula de manera elegante por razones ideológicas. Y como en esa lógica los enemigos tienen que ser verdaderos enemigos, eso hace que aún sean más horrendos los atropellos de los golpistas. Por eso Pinochet, que es espantoso y que no necesita de la militancia política de nadie para ser rechazado, va a ser recordado bajo una dudosa lógica bipolar, lo que tampoco es demasiado aconsejable.
No logro entender —no lo lograré entender jamás— cómo un régimen político pudo asesinar a más de 3.200 personas por pensar distinto. No logro entender el fascismo mental de esas bestias que se arrogan el derecho de cercenar la vida del otro por instaurar y defender sus modelos políticos. Me resulta inconcebible. Tan inconcebible como alguna gente cuerda, que vitupera contra Pinochet, pero cuando se habla de Fidel Castro y su sistema totalitario, no logran advertir que son hermanos de sangre, de sangre de las víctimas asesinadas por sus sueños de poder personales y mesiánicos.
Es extraño (sería cómico si no involucrara tanto dolor y muerte) que todo el odio hacia Pinochet se transforme en indulgencia cómplice hacia eso otro dictador que, ahora, en sus últimos días, recibe la mirada comprensiva de tantos intelectuales y políticos de la izquierda latinoamericana. Me resulta obsceno ver a Chávez y a Morales idolatrando a ese personaje. Me da pánico y me hace pensar que América Latina no se merece ese destino.
Pinochet y Castro, si hay infierno, van a estar en el mismo recinto. En el de los que no tienen dignidad. En el de aquellos que dañan la raza humana con actos bestiales que, de solo recordarlos, nos parecen mentira. Y en el de los engañadores de mentes que generan imbéciles que, por alguna sórdida razón, los defienden a capa y espada.
Lo que resulta extraño es que, para analizar con inteligencia una muerte, se busquen expresiones diplomáticas para decir —en el fondo— que dejó de existir un ser maldito, que si no hubiera nacido habría sido mucho mejor para todos. Supongo que la muerte tiene alguna magia. Esa u otra. En nuestro país también se advierte cómo la muerte de gente increíble, produce una beatificación automática. Y esos personajes —hasta ayer rechazados— ahora en el otro mundo son mitologizados de manera inimaginable.
Pinochet fue un golpista de la peor calaña, un militar que traicionó su juramento constitucional, al Presidente que lo designó y depositó su confianza en él, a su corporación y al pueblo chileno. Fue también un personaje corrupto, que se hizo obscenamente rico de una manera que algún día habrá que terminar de aclarar.
Es cierto, sí, que en lo económico supo orientar a Chile hacia un Estado más eficiente y una economía moderna (contando con la fuerza bruta para licuar los costos del experimento, claro). Pero nada de ello lo disculpa en lo más mínimo. Ni siquiera sirve como argumento de nada, porque el terreno del Estado de Derecho nada tiene que ver con el de la economía y el bienestar. Los que argumentan así, en el fondo nos están estafando, porque están mezclando agua con aceite. Es equivalente a la “justificación” de las violaciones a los derechos humanos en la Cuba de Fidel, en razón de sus supuestos éxitos en el campo de la salud o la educación. ¿La prosperidad —aun si fuera genuina— valida el paredón, la capucha, la picana, las mazmorras y las fosas comunes?
Claro, estamos en un tiempo en el que los antiguos movimientos revolucionarios latinoamericanos viven su mejor hora. Reinterpretan la historia como lo desean. Se exhiben “robinhoodescos” y todo el río de sangre que hicieron correr, se lo disimula de manera elegante por razones ideológicas. Y como en esa lógica los enemigos tienen que ser verdaderos enemigos, eso hace que aún sean más horrendos los atropellos de los golpistas. Por eso Pinochet, que es espantoso y que no necesita de la militancia política de nadie para ser rechazado, va a ser recordado bajo una dudosa lógica bipolar, lo que tampoco es demasiado aconsejable.
No logro entender —no lo lograré entender jamás— cómo un régimen político pudo asesinar a más de 3.200 personas por pensar distinto. No logro entender el fascismo mental de esas bestias que se arrogan el derecho de cercenar la vida del otro por instaurar y defender sus modelos políticos. Me resulta inconcebible. Tan inconcebible como alguna gente cuerda, que vitupera contra Pinochet, pero cuando se habla de Fidel Castro y su sistema totalitario, no logran advertir que son hermanos de sangre, de sangre de las víctimas asesinadas por sus sueños de poder personales y mesiánicos.
Es extraño (sería cómico si no involucrara tanto dolor y muerte) que todo el odio hacia Pinochet se transforme en indulgencia cómplice hacia eso otro dictador que, ahora, en sus últimos días, recibe la mirada comprensiva de tantos intelectuales y políticos de la izquierda latinoamericana. Me resulta obsceno ver a Chávez y a Morales idolatrando a ese personaje. Me da pánico y me hace pensar que América Latina no se merece ese destino.
Pinochet y Castro, si hay infierno, van a estar en el mismo recinto. En el de los que no tienen dignidad. En el de aquellos que dañan la raza humana con actos bestiales que, de solo recordarlos, nos parecen mentira. Y en el de los engañadores de mentes que generan imbéciles que, por alguna sórdida razón, los defienden a capa y espada.
miércoles, noviembre 29, 2006
EL PARTIDO COLORADO
(Publicado - El observador 29/11/06)
El Partido Colorado viene de pasar uno de los momentos más dolorosos de su historia, en donde el electorado en la última elección nacional le dio la espalda y donde en estos años ha tenido la obligación de reorientar su actuación día a día con gran dignidad.
No ha sido un desafío sencillo, porque una supuesta bipolaridad del sistema político entre gobierno y oposición pudo haber dejado por fuera de la conversación al partido de Batlle y Ordóñez. Los hechos demuestran que los colorados, con nuestro propio estilo, venimos haciendo las cosas con mesura, como para interpretar los tiempos que vienen, llegándole al país.
Es verdad que los colorados no tenemos —o no exhibimos— el romanticismo y la emoción que tantas veces, con tanto entusiasmo, ponen los blancos en el escenario público. Es cierto que tampoco tenemos ese grado de militancia ortodoxa que tienen los actuales gobernantes al repetir todos al unísono —cuando así se lo proponen— un mismo mensaje, lo que genera una sensación de cohesión a los ojos del observador externo. Pero no es menos cierto que a la hora de encontrar visiones racionales, miradas abiertas, experiencia de gobierno y firmeza, los colorados todavía tenemos mucho para ofrecerle a la república. Yo lo siento así.
En más de una oportunidad se dio por muerto al batllismo en el país. Desde siempre se viene proclamando su defunción, sin comprender que esta línea político-filosófica es evolucionista acorde a los tiempos que corren. Sólo mueren las ideas dogmáticas. Por el contrario, las que son flexibles tienen asegurada su permanencia en consonancia con su adaptabilidad.
Hoy los batllistas ya no creemos en el Estado omnicomprensivo y totalizador. Ya sabemos que por allí no hay destino posible. Sabemos, además, que la buena política es la que plantea un proyecto de país abierto al mundo, que disminuya cada vez más los riesgos planetarios de las inestabilidades económicas, vengan de donde vengan. (En esto el gobierno se hace el distraído y, por un contencioso interno entre modernos y antiguos, viene ganando la pulseada la gerontocracia gubernamental por paliza, al encerrarnos cada vez más y al mirar hacia un mundo laboral cargado de obstrucciones a la inversión, que ya empieza a temer que no siempre tiene el respaldo del Estado de Derecho).
El Partido Colorado que yo imagino tiene que mirar a individuos como Ricardo Lagos, que puso a Chile en las grandes ligas, apostó a la inserción en serio de sus exportaciones y armó tratados de libre comercio con Estados Unidos, primero, y con muchos otros, después, sin prejuicios ni rubores adolescentes. Tendrá que ser un Partido Colorado que le hable al país de los temas del presente y del futuro. La gente quiere saber si es posible ir hacia un país en serio, en el que el Estado no la saquee con reformas impositivas como la que se viene. O con engendros como el que se anuncia en el sistema de salud. La gente quiere saber si sus hijos se podrán quedar acá o si seguirán partiendo hacia el exterior. Y para que se queden, hay que ofrecerles algo que valga la pena y no palabrerío hueco, cargado de buenas intenciones pero con aroma a “naderías” que terminan ofendiendo la inteligencia del ciudadano.
Vienen tiempos desafiantes para los colorados, puesto que si los logramos frenar la prepotencia gubernamental que se advierte, con capacidad de aporte para sugerir caminos imprescindibles a recorrer, nos vamos a encontrar nuevamente con la ciudadanía.
Se trata, entonces, de pensar la política desde una dimensión distinta, porque los tiempos son distintos. Se viene la batalla que defienda al ciudadano atropellado por un gobierno que confunde sus atribuciones con excesos. Se viene la hora de la buena política, del pensamiento humanista y tolerante y de los políticos del nuevo tiempo, que tendremos que conjugar sentido común, aportes inteligentes y fuerte capacidad de negociación. Capacidad que incluye saber cuándo se debe dar un portazo y cuando tender la mano para ayudar, pensando en el país.
Ese es el Partido Colorado que imagino y que —así lo entiendo— demanda hoy la república.
No ha sido un desafío sencillo, porque una supuesta bipolaridad del sistema político entre gobierno y oposición pudo haber dejado por fuera de la conversación al partido de Batlle y Ordóñez. Los hechos demuestran que los colorados, con nuestro propio estilo, venimos haciendo las cosas con mesura, como para interpretar los tiempos que vienen, llegándole al país.
Es verdad que los colorados no tenemos —o no exhibimos— el romanticismo y la emoción que tantas veces, con tanto entusiasmo, ponen los blancos en el escenario público. Es cierto que tampoco tenemos ese grado de militancia ortodoxa que tienen los actuales gobernantes al repetir todos al unísono —cuando así se lo proponen— un mismo mensaje, lo que genera una sensación de cohesión a los ojos del observador externo. Pero no es menos cierto que a la hora de encontrar visiones racionales, miradas abiertas, experiencia de gobierno y firmeza, los colorados todavía tenemos mucho para ofrecerle a la república. Yo lo siento así.
En más de una oportunidad se dio por muerto al batllismo en el país. Desde siempre se viene proclamando su defunción, sin comprender que esta línea político-filosófica es evolucionista acorde a los tiempos que corren. Sólo mueren las ideas dogmáticas. Por el contrario, las que son flexibles tienen asegurada su permanencia en consonancia con su adaptabilidad.
Hoy los batllistas ya no creemos en el Estado omnicomprensivo y totalizador. Ya sabemos que por allí no hay destino posible. Sabemos, además, que la buena política es la que plantea un proyecto de país abierto al mundo, que disminuya cada vez más los riesgos planetarios de las inestabilidades económicas, vengan de donde vengan. (En esto el gobierno se hace el distraído y, por un contencioso interno entre modernos y antiguos, viene ganando la pulseada la gerontocracia gubernamental por paliza, al encerrarnos cada vez más y al mirar hacia un mundo laboral cargado de obstrucciones a la inversión, que ya empieza a temer que no siempre tiene el respaldo del Estado de Derecho).
El Partido Colorado que yo imagino tiene que mirar a individuos como Ricardo Lagos, que puso a Chile en las grandes ligas, apostó a la inserción en serio de sus exportaciones y armó tratados de libre comercio con Estados Unidos, primero, y con muchos otros, después, sin prejuicios ni rubores adolescentes. Tendrá que ser un Partido Colorado que le hable al país de los temas del presente y del futuro. La gente quiere saber si es posible ir hacia un país en serio, en el que el Estado no la saquee con reformas impositivas como la que se viene. O con engendros como el que se anuncia en el sistema de salud. La gente quiere saber si sus hijos se podrán quedar acá o si seguirán partiendo hacia el exterior. Y para que se queden, hay que ofrecerles algo que valga la pena y no palabrerío hueco, cargado de buenas intenciones pero con aroma a “naderías” que terminan ofendiendo la inteligencia del ciudadano.
Vienen tiempos desafiantes para los colorados, puesto que si los logramos frenar la prepotencia gubernamental que se advierte, con capacidad de aporte para sugerir caminos imprescindibles a recorrer, nos vamos a encontrar nuevamente con la ciudadanía.
Se trata, entonces, de pensar la política desde una dimensión distinta, porque los tiempos son distintos. Se viene la batalla que defienda al ciudadano atropellado por un gobierno que confunde sus atribuciones con excesos. Se viene la hora de la buena política, del pensamiento humanista y tolerante y de los políticos del nuevo tiempo, que tendremos que conjugar sentido común, aportes inteligentes y fuerte capacidad de negociación. Capacidad que incluye saber cuándo se debe dar un portazo y cuando tender la mano para ayudar, pensando en el país.
Ese es el Partido Colorado que imagino y que —así lo entiendo— demanda hoy la república.
miércoles, noviembre 15, 2006
LA LOGICA OPOSITORA
(Publicado - El Observador 15/11/06)
Hacer oposición no es tarea sencilla cuando los escenarios para la misma son mínimos, cuando no se oyen las señales ciudadanas de medio país y cuando, además, se pasa por encima, cual Atila, a todas las voces que cuestionan el accionar gubernamental. Si la oposición, además, parece un “enemigo” como lo calificó la Ministra de Defensa y no como el adversario normal, que siempre es bueno tener, en fin, entonces las cosas no vienen bien. Y si, por añadidura, los resultados electorales de las elecciones internas del Frente Amplio envalentonan aún más a los integrantes de ese conglomerado político, el panorama adquiere contornos inquietantes.
Es obvio que la calidad y el relacionamiento democráticos se resienten cuando se atropella al Parlamento, pasándole por encima, como una aplanadora, en temas relevantes, como el ingreso de Venezuela al Mercosur, en una sesión a las tres de la madrugada, con un partido de gobierno solo, dormido y superlativamente apurado, haciendo las cosas de manera discutible en lo reglamentario y con una ilegitimidad política obvia. Dicho esto sin arrebatos histéricos.
Es cierto, sí, que ahora hay más “llamados a sala” de ministros que antes, pero ese parece ser de los pocos instrumentos idóneos que van quedando para masificar el mensaje de crítica a la gestión gubernamental.
Por otra parte, no es cierto que las interpelaciones de los períodos anteriores nunca tuvieron consecuencias. Eso es errado porque sí tuvieron consecuencias. Y vaya si las tuvieron. Varios de los ministros que fueron “baleados” en el Parlamento, al poco tiempo tuvieron que retornar a sus domicilios. No fue instantáneo, pero llegó un momento en el que los individuos, por dignidad, sabían que estaban comprometiendo al gobierno y por prudencia, para no debilitarlo más, se retiraban. No tengo que recordar nombres, los memoriosos saben quiénes fueron.
Este gobierno es zombi y autista. No sólo no da el brazo a torcer en algunos casos obvios, sino que además se insiste en el estrellato de ciertas figuras que cada día irritan más y cosechan mayores enojos.
Lo de la Cancillería, por ejemplo, es de Ripley. Todos saben que es el peor Canciller que puede tener el país en momentos normales. Pero en estos momentos, cargados de tensión y dificultades, deviene rotundamente una insensatez tener allí a un ciudadano que no lidera, que tiene pocos amigos en el mundo internacional, que tiene vetos fácticos por parte de países que ni se toman un café con él, que no habla ningún idioma y que ni siquiera en su coalición alguien gasta un minuto en defenderlo. ¿A que parlamentario vimos diciendo algo con convicción sobre este hombre? ¿Hasta cuándo seguirá atornillado a su poltrona del Palacio Santos? ¿Hasta cuándo el Presidente tiene que tener un problema de este tipo? ¿Cuándo vendrá la hora que un Canciller ambiente una cumbre en la que no quedemos pegados por tanta ausencia y tanto “botijeo” al país? ¿Cuándo saldremos del Canciller ideológico del sesenta y pasaremos a un Canciller de todos, que nos haga sentir que las políticas exteriores de Estado son en serio y no un viejo cuplé murguero? ¿Hasta cuándo?
Por eso es seguro que habrá más interpelaciones. Porque desde la oposición creemos que algún día alguien entenderá qué está pasando y, finalmente, se tomarán medidas. Todavía me acuerdo cómo el verano pasado Uruguay se incendiaba con el conflicto argentino y el Canciller viajaba a Rusia con rostro marmóreo a vender manzanas. Surrealista y muy triste, por cierto.
Ya sabemos que se viene un verano caliente con la Argentina, es un dato. Supongo que alguien estará reflexionando al respecto en algún lugar del gobierno, que alguien estará evaluando escenarios hipotéticos, que alguien estará pensando en ser la voz del gobierno. Si todos se van a pescar… bueno, leeremos en La Nación y en Clarín cómo nos atropellan y cómo algún funcionario de cuarta abre la boca para cumplir con el mandado que se le dictará por teléfono celular desde la playa.
Es obvio que la calidad y el relacionamiento democráticos se resienten cuando se atropella al Parlamento, pasándole por encima, como una aplanadora, en temas relevantes, como el ingreso de Venezuela al Mercosur, en una sesión a las tres de la madrugada, con un partido de gobierno solo, dormido y superlativamente apurado, haciendo las cosas de manera discutible en lo reglamentario y con una ilegitimidad política obvia. Dicho esto sin arrebatos histéricos.
Es cierto, sí, que ahora hay más “llamados a sala” de ministros que antes, pero ese parece ser de los pocos instrumentos idóneos que van quedando para masificar el mensaje de crítica a la gestión gubernamental.
Por otra parte, no es cierto que las interpelaciones de los períodos anteriores nunca tuvieron consecuencias. Eso es errado porque sí tuvieron consecuencias. Y vaya si las tuvieron. Varios de los ministros que fueron “baleados” en el Parlamento, al poco tiempo tuvieron que retornar a sus domicilios. No fue instantáneo, pero llegó un momento en el que los individuos, por dignidad, sabían que estaban comprometiendo al gobierno y por prudencia, para no debilitarlo más, se retiraban. No tengo que recordar nombres, los memoriosos saben quiénes fueron.
Este gobierno es zombi y autista. No sólo no da el brazo a torcer en algunos casos obvios, sino que además se insiste en el estrellato de ciertas figuras que cada día irritan más y cosechan mayores enojos.
Lo de la Cancillería, por ejemplo, es de Ripley. Todos saben que es el peor Canciller que puede tener el país en momentos normales. Pero en estos momentos, cargados de tensión y dificultades, deviene rotundamente una insensatez tener allí a un ciudadano que no lidera, que tiene pocos amigos en el mundo internacional, que tiene vetos fácticos por parte de países que ni se toman un café con él, que no habla ningún idioma y que ni siquiera en su coalición alguien gasta un minuto en defenderlo. ¿A que parlamentario vimos diciendo algo con convicción sobre este hombre? ¿Hasta cuándo seguirá atornillado a su poltrona del Palacio Santos? ¿Hasta cuándo el Presidente tiene que tener un problema de este tipo? ¿Cuándo vendrá la hora que un Canciller ambiente una cumbre en la que no quedemos pegados por tanta ausencia y tanto “botijeo” al país? ¿Cuándo saldremos del Canciller ideológico del sesenta y pasaremos a un Canciller de todos, que nos haga sentir que las políticas exteriores de Estado son en serio y no un viejo cuplé murguero? ¿Hasta cuándo?
Por eso es seguro que habrá más interpelaciones. Porque desde la oposición creemos que algún día alguien entenderá qué está pasando y, finalmente, se tomarán medidas. Todavía me acuerdo cómo el verano pasado Uruguay se incendiaba con el conflicto argentino y el Canciller viajaba a Rusia con rostro marmóreo a vender manzanas. Surrealista y muy triste, por cierto.
Ya sabemos que se viene un verano caliente con la Argentina, es un dato. Supongo que alguien estará reflexionando al respecto en algún lugar del gobierno, que alguien estará evaluando escenarios hipotéticos, que alguien estará pensando en ser la voz del gobierno. Si todos se van a pescar… bueno, leeremos en La Nación y en Clarín cómo nos atropellan y cómo algún funcionario de cuarta abre la boca para cumplir con el mandado que se le dictará por teléfono celular desde la playa.
miércoles, noviembre 01, 2006
LA “SOROCABANIZACION” DEL GOBIERNO
(Publicado - El Observador 1/11/06)
Si algo caracterizó durante décadas a la izquierda uruguaya fue su capacidad para autoerigirse conciencia crítica de la sociedad. La izquierda siempre contó con potencial para desmenuzar los procesos sociales en base a metodologías de análisis discutibles, sí, pero eficaces a la hora de llamar la atención. Tanto es así que, a pesar de la caída del socialismo real, se continuó insistiendo en la validez de la metodología marxista como instrumento apto para analizar la realidad. Los enfoques dialécticos, la síntesis, la superestructura, la lucha de clases, las visiones gramscianas, en fin, mucho de todo esto permanece aún vivo en la mente de los intelectuales de izquierda. Es que no se puede abandonar de un día para el otro aquello en que se creyó toda una vida.
En ese discurrir, donde los debates son eternos, las “comisiones” todo lo resolverán algún día y donde el mundo asambleístico es la quintaesencia de la democracia participativa, aparecen las “convocatorias nacionales” para discutir sobre “Educación” y sobre “Defensa”. Es pintoresco el asunto, porque mientras los debates en torno a estos temas, supuestamente se están procesando, a la vez las decisiones prácticas se vienen tomando y no va a quedando mucho resultado al final del periplo dialéctico. Las deserciones producidas son un anuncio del desastre.
Resulta increíble que un gobierno que tiene mayorías operativas para signar su actuación con las políticas que entienda pertinentes, tenga una postura errática en temas sustanciales de la vida del país, viva convocando a reuniones de todo tipo y crea que con esa suerte de “sorocabanización” los problemas se resolverán por arte de magia o por el mero transcurso del tiempo. La eterna plática de café, a la que siempre fue tan afín la izquierda teórica, viene ganando su partido. Los “Consejos de Ministros” itinerantes son la estrella de todo este jolgorio circense tan peculiar y tan poco proactivo. Las derivaciones de los temas a “grupos de trabajo” constituyen otra particular seña de identidad dilatoria que nada define. Y el nacimiento de “comisiones” de todo tipo es la otra joyita de toda esta “nada” tan abultada. En fin, gente hablando pero no resolviendo. (Recién, hace unas horas, nació el Frankenstein tributario: dos años para parir ese engendro.)
Ya lo hemos dicho, pero conviene recordarlo: al haber ubicado a los cuadros políticos históricos —gerontes de marca mayor—, con todo su bagaje de compromisos partidarios —y de anquilosamiento mental— se desperdició imperdonablemente una oportunidad de convocar a gente más joven, menos ortodoxa y más moderna, que hubiera podido dar una mano de manera seria y con menos carga en la mochila.
Es cierto, también, que además de la eterna cháchara gubernamental, el prejuicio y el revanchismo también juegan su partido. A varios connotados y connotadas intelectuales de izquierda se los estigmatizó casi como si hubieran colaborado con el régimen nazi y no fueron convocados sino más bien borrados del mapa. Demasiado pecado parecen haber cometido, parece, con su “colaboracionismo” con el “enemigo” en períodos anteriores…
No es posible, entonces, sacar un país adelante desde la charla en el boliche como núcleo central de los asuntos de Estado. Gobernar no es dar charlas en los comités de base, o hacer posicionamiento y perfilismo para las elecciones internas de la “fuerza política” de gobierno. Tal actitud, inclusive, puede llegar a extremos que ofenden al ciudadano de a pie. ¿Qué le importa a la gente la lógica de poder interna de los gobernantes? ¿Cuál es la razón por la cual la gente que votó al gobierno —y aquellos que no lo hicimos— tenemos que presenciar que quienes fueron electos para gobernar hoy estén metidos en competencias internas que le sacan tiempo a la resolución de los problemas del país? ¿Para tales menesteres se les paga el sueldo? ¿No hay, acaso, una Constitución que ordena que se hagan elecciones internas al final del período para evitar —¡justamente!— este tipo de distracciones?
Y después montan en cólera cuando los critican…
En ese discurrir, donde los debates son eternos, las “comisiones” todo lo resolverán algún día y donde el mundo asambleístico es la quintaesencia de la democracia participativa, aparecen las “convocatorias nacionales” para discutir sobre “Educación” y sobre “Defensa”. Es pintoresco el asunto, porque mientras los debates en torno a estos temas, supuestamente se están procesando, a la vez las decisiones prácticas se vienen tomando y no va a quedando mucho resultado al final del periplo dialéctico. Las deserciones producidas son un anuncio del desastre.
Resulta increíble que un gobierno que tiene mayorías operativas para signar su actuación con las políticas que entienda pertinentes, tenga una postura errática en temas sustanciales de la vida del país, viva convocando a reuniones de todo tipo y crea que con esa suerte de “sorocabanización” los problemas se resolverán por arte de magia o por el mero transcurso del tiempo. La eterna plática de café, a la que siempre fue tan afín la izquierda teórica, viene ganando su partido. Los “Consejos de Ministros” itinerantes son la estrella de todo este jolgorio circense tan peculiar y tan poco proactivo. Las derivaciones de los temas a “grupos de trabajo” constituyen otra particular seña de identidad dilatoria que nada define. Y el nacimiento de “comisiones” de todo tipo es la otra joyita de toda esta “nada” tan abultada. En fin, gente hablando pero no resolviendo. (Recién, hace unas horas, nació el Frankenstein tributario: dos años para parir ese engendro.)
Ya lo hemos dicho, pero conviene recordarlo: al haber ubicado a los cuadros políticos históricos —gerontes de marca mayor—, con todo su bagaje de compromisos partidarios —y de anquilosamiento mental— se desperdició imperdonablemente una oportunidad de convocar a gente más joven, menos ortodoxa y más moderna, que hubiera podido dar una mano de manera seria y con menos carga en la mochila.
Es cierto, también, que además de la eterna cháchara gubernamental, el prejuicio y el revanchismo también juegan su partido. A varios connotados y connotadas intelectuales de izquierda se los estigmatizó casi como si hubieran colaborado con el régimen nazi y no fueron convocados sino más bien borrados del mapa. Demasiado pecado parecen haber cometido, parece, con su “colaboracionismo” con el “enemigo” en períodos anteriores…
No es posible, entonces, sacar un país adelante desde la charla en el boliche como núcleo central de los asuntos de Estado. Gobernar no es dar charlas en los comités de base, o hacer posicionamiento y perfilismo para las elecciones internas de la “fuerza política” de gobierno. Tal actitud, inclusive, puede llegar a extremos que ofenden al ciudadano de a pie. ¿Qué le importa a la gente la lógica de poder interna de los gobernantes? ¿Cuál es la razón por la cual la gente que votó al gobierno —y aquellos que no lo hicimos— tenemos que presenciar que quienes fueron electos para gobernar hoy estén metidos en competencias internas que le sacan tiempo a la resolución de los problemas del país? ¿Para tales menesteres se les paga el sueldo? ¿No hay, acaso, una Constitución que ordena que se hagan elecciones internas al final del período para evitar —¡justamente!— este tipo de distracciones?
Y después montan en cólera cuando los critican…
miércoles, octubre 18, 2006
LA GERONTOCRACIA GUBERNAMENTAL
(Publicado - El Observador 18/10/06)
Nuestros ministros son adultos mayores reconocidos. Muchos de ellos tienen más de 70 años. Tienen, además, una mirada anclada en los años ‘60 y no se han refrescado mucho en el aggiornamiento del pensamiento político moderno.
En tal sentido, nuestro gabinete nacional me hace acordar a los consejos de ancianos de los griegos, en los que el tiempo pasaba lentamente y donde las decisiones “sabias” había que esperarlas un largo periodo si no se construían los entendimientos del caso. La sensación de “letanía” se iba imponiendo, mientras la vida iba pasando.
Estamos ante un caso particular de gerontocracia gubernamental, que afecta las necesidades de un país que sigue perdiendo tiempo y oportunidades que no habrán de volver a pasar. En el Uruguay no existe la sensación de que la vida va a mil en el planeta y que hay que poner esa frecuencia para estar en la conversación cotidiana. Acá, hasta el gobierno parece creer que hay tiempo, que no hay que precipitarse, que más vale ir despacito para no macanear. Entre mate y mate, pareciera que tenemos todo el tiempo del mundo para salvarnos. Total estamos tan bien…
El “tren” del que alguna vez habló el Presidente —y que luego no se animó a abordar— hubiera sido visto de otra manera si el gabinete tuviera veinte o treinta años menos de los que promedialmente posee. Porque es imposible pedirle a gente con una mirada muy antigua, con muchos años arriba y con pocas ganas de asumir riesgos, que asuma ese comportamiento cuando ya las cabezas y los físicos se lo impiden. Los inviernos son terribles para nuestro gabinete, pero por suerte ya llegó la primavera.
El Uruguay debe comprender que si no acepta integrar a las generaciones intermedias y jóvenes en el accionar gubernamental, va a seguir produciendo resultados conservadores. En el fondo, haber negado el TLC fue un reflejo terriblemente conservador.
Y otro tanto debería hacer con las políticas de género. Resulta increíble que la izquierda uruguaya, siempre tan presta a la crítica del otro, una vez llegada al poder haya posicionado a tan pocas mujeres en el ámbito de la toma de decisiones. Y, en todo caso, las mujeres que se destacan tienen todas un contingente de años que inevitablemente hace que sus miradas despidan un aroma “retro”. No se visualizan mujeres de 20, ni 30 o 40 años. Hay que tener más de medio siglo para estar en la conversación.
Obsérvese que los emprendimientos que en el mundo tienen éxito saben fusionar con sabiduría alquímica el aporte de todas las generaciones, pero siempre —inevitablemente— los que están a la cabeza son generaciones jóvenes que tienen el potencial, la resistencia y las ganas como para librar batallas en las que el horario y los problemas se los pueda encarar con un empuje vigoroso y con un talante en el que el físico no sea un problema.
El Presidente en algún momento introducirá cambios en el escenario gubernamental. Sería positivo, entonces, que refrescara algunos ministerios con gente bastante más joven en relación a los gerontes que hoy pueblan su gabinete. De seguro nos va a venir bien a todos, porque aunque discrepemos frontalmente con ellos y ellas, por lo menos veremos a gente que libra batallas con todo el potencial posible. Con mucho respeto, resulta inadmisible que, por los motivos que fueren, algún ministro se desaparezca de la escena más de 40 días. No es bueno para el país, no es bueno para el gobierno, y no es bueno para nadie.
Ser progresista —imagino—implica serlo de verdad. Pero si sólo se hace “progresismo” con la barra veterana de amigos ideológicos de siempre, con las mismas ideas milenarias de toda la vida, bueno, en fin, es entonces un “progresismo” muy “a la uruguaya”. Un progresismo veterano.
En tal sentido, nuestro gabinete nacional me hace acordar a los consejos de ancianos de los griegos, en los que el tiempo pasaba lentamente y donde las decisiones “sabias” había que esperarlas un largo periodo si no se construían los entendimientos del caso. La sensación de “letanía” se iba imponiendo, mientras la vida iba pasando.
Estamos ante un caso particular de gerontocracia gubernamental, que afecta las necesidades de un país que sigue perdiendo tiempo y oportunidades que no habrán de volver a pasar. En el Uruguay no existe la sensación de que la vida va a mil en el planeta y que hay que poner esa frecuencia para estar en la conversación cotidiana. Acá, hasta el gobierno parece creer que hay tiempo, que no hay que precipitarse, que más vale ir despacito para no macanear. Entre mate y mate, pareciera que tenemos todo el tiempo del mundo para salvarnos. Total estamos tan bien…
El “tren” del que alguna vez habló el Presidente —y que luego no se animó a abordar— hubiera sido visto de otra manera si el gabinete tuviera veinte o treinta años menos de los que promedialmente posee. Porque es imposible pedirle a gente con una mirada muy antigua, con muchos años arriba y con pocas ganas de asumir riesgos, que asuma ese comportamiento cuando ya las cabezas y los físicos se lo impiden. Los inviernos son terribles para nuestro gabinete, pero por suerte ya llegó la primavera.
El Uruguay debe comprender que si no acepta integrar a las generaciones intermedias y jóvenes en el accionar gubernamental, va a seguir produciendo resultados conservadores. En el fondo, haber negado el TLC fue un reflejo terriblemente conservador.
Y otro tanto debería hacer con las políticas de género. Resulta increíble que la izquierda uruguaya, siempre tan presta a la crítica del otro, una vez llegada al poder haya posicionado a tan pocas mujeres en el ámbito de la toma de decisiones. Y, en todo caso, las mujeres que se destacan tienen todas un contingente de años que inevitablemente hace que sus miradas despidan un aroma “retro”. No se visualizan mujeres de 20, ni 30 o 40 años. Hay que tener más de medio siglo para estar en la conversación.
Obsérvese que los emprendimientos que en el mundo tienen éxito saben fusionar con sabiduría alquímica el aporte de todas las generaciones, pero siempre —inevitablemente— los que están a la cabeza son generaciones jóvenes que tienen el potencial, la resistencia y las ganas como para librar batallas en las que el horario y los problemas se los pueda encarar con un empuje vigoroso y con un talante en el que el físico no sea un problema.
El Presidente en algún momento introducirá cambios en el escenario gubernamental. Sería positivo, entonces, que refrescara algunos ministerios con gente bastante más joven en relación a los gerontes que hoy pueblan su gabinete. De seguro nos va a venir bien a todos, porque aunque discrepemos frontalmente con ellos y ellas, por lo menos veremos a gente que libra batallas con todo el potencial posible. Con mucho respeto, resulta inadmisible que, por los motivos que fueren, algún ministro se desaparezca de la escena más de 40 días. No es bueno para el país, no es bueno para el gobierno, y no es bueno para nadie.
Ser progresista —imagino—implica serlo de verdad. Pero si sólo se hace “progresismo” con la barra veterana de amigos ideológicos de siempre, con las mismas ideas milenarias de toda la vida, bueno, en fin, es entonces un “progresismo” muy “a la uruguaya”. Un progresismo veterano.
miércoles, octubre 04, 2006
¿HACIA UN URUGUAY ORGULLOSAMENTE TERRAJA?
(Publicado - El Observador 4/10/06)
El Uruguay está viviendo un proceso de fuerte decadencia en sus valores centrales de convivencia social. Cada vez es más frecuente advertir expresiones insólitas, de un grado de chabacanería y ordinariez sin parangón. Desde publicidad televisiva de Sprite, en donde la gracia es ver como los bebedores de tan efervescente bebida eructan cual hipopótamos en celo, hasta la venta de preservativos en las que se pasa el límite de respeto por la mujer, con algunas manifestaciones francamente irreproducibles.
Si a ello le agregamos el proceso de “planchización” que se vive por todos lados, en donde buena parte de las jóvenes generaciones hablan con monosílabos —porque piensan con monosílabos—, el panorama se muestra aterrador.
No se trata de creer que tenemos que apelar a una sociedad en la que la intelectualidad lo sea todo, y en donde se discuta en torno a Huntington o se comenten los artículos de Morales Solá, pero tampoco este descampado en el que lo “berreta” nos viene ganando a pasos agigantados y donde, además, muchos se ufanan de esa postura.
Tampoco el lío son las “malas palabras”, porque todo depende de su utilización y del contexto en el que las mismas son dichas. A Cervantes nunca se le cobró ninguna cuenta por hacer uso de las mismas, pero —claro— no abusaba de ellas y no eran su muletilla. Hoy, es común la banalización de estas expresiones y es una lástima, porque su aplicación también debe ser muy mesurada y no transformarse en un elemento corriente del paisaje urbano.
El gobierno está en el limbo ante esta evidencia. Nadie asume que el rescate de la lengua es, además de superlativamente útil, un verdadero recurso de identidad de un país. Lo que nos sucede, entonces, es trágico, porque entre las fronteras y sus fuertes influencias y la permisividad capitalina, nos fuimos al garete con los básicos de nuestra comunicación.
No sé si a ustedes les ocurre, pero encuentro que hay uruguayos relevantes de los distintos medios en donde actúan a quienes ya no les entiendo lo que hablan. Es tal la decadencia que, en varios casos, ni se comprende lo que quieren decir. Hay que desencriptar los mensajes para, por intuición, captar lo que dicen.
Ya sabemos que la reproducción uruguaya tiene lugar en los ámbitos de contexto más crítico. De los 47.000 nacimientos al año, más de 27.500 ocurren en hogares deprimidos, donde la “ignorancia” es una de las claves centrales de esos ámbitos de socialización. El país, de seguir así, se bolivianiza a pasos agigantados y puede terminar en cualquier cosa decadente.
Esto es parte de lo que habría que ver rápidamente. En vez de regalar plata de manera indigna a los más carenciados, hubiera sido mejor invertir en modos alternativos de resocialización. Este es uno de esos objetivos que son trascendentes, que salen de la política menor y que debiera ubicarse dentro de una política de Estado en la que todos tuvieran algo que aportar.
El gran debate educativo nacional parece ignorar este tipo de problemas. Y es curioso porque esta es una señal de fragmentación de una sociedad que se llenaba la boca por ser inclusiva e integradora.
La cosa entonces no cambia automáticamente por cambiar las simbologías (ayer Don Pepe y Saravia, y hoy El Che y compañía). Es mucho más complejo el asunto y solo aceptando que el desafío es enorme se podrá construir una respuesta acorde a la dimensión del problema. Pero, como todo, hay que empezar por aceptar la encrucijada en la que se está. De lo contrario nos seguiremos hundiendo en un pozo negro con rostros de felicidad al sonar rítmico de alguna cumbia villera de moda.
Si a ello le agregamos el proceso de “planchización” que se vive por todos lados, en donde buena parte de las jóvenes generaciones hablan con monosílabos —porque piensan con monosílabos—, el panorama se muestra aterrador.
No se trata de creer que tenemos que apelar a una sociedad en la que la intelectualidad lo sea todo, y en donde se discuta en torno a Huntington o se comenten los artículos de Morales Solá, pero tampoco este descampado en el que lo “berreta” nos viene ganando a pasos agigantados y donde, además, muchos se ufanan de esa postura.
Tampoco el lío son las “malas palabras”, porque todo depende de su utilización y del contexto en el que las mismas son dichas. A Cervantes nunca se le cobró ninguna cuenta por hacer uso de las mismas, pero —claro— no abusaba de ellas y no eran su muletilla. Hoy, es común la banalización de estas expresiones y es una lástima, porque su aplicación también debe ser muy mesurada y no transformarse en un elemento corriente del paisaje urbano.
El gobierno está en el limbo ante esta evidencia. Nadie asume que el rescate de la lengua es, además de superlativamente útil, un verdadero recurso de identidad de un país. Lo que nos sucede, entonces, es trágico, porque entre las fronteras y sus fuertes influencias y la permisividad capitalina, nos fuimos al garete con los básicos de nuestra comunicación.
No sé si a ustedes les ocurre, pero encuentro que hay uruguayos relevantes de los distintos medios en donde actúan a quienes ya no les entiendo lo que hablan. Es tal la decadencia que, en varios casos, ni se comprende lo que quieren decir. Hay que desencriptar los mensajes para, por intuición, captar lo que dicen.
Ya sabemos que la reproducción uruguaya tiene lugar en los ámbitos de contexto más crítico. De los 47.000 nacimientos al año, más de 27.500 ocurren en hogares deprimidos, donde la “ignorancia” es una de las claves centrales de esos ámbitos de socialización. El país, de seguir así, se bolivianiza a pasos agigantados y puede terminar en cualquier cosa decadente.
Esto es parte de lo que habría que ver rápidamente. En vez de regalar plata de manera indigna a los más carenciados, hubiera sido mejor invertir en modos alternativos de resocialización. Este es uno de esos objetivos que son trascendentes, que salen de la política menor y que debiera ubicarse dentro de una política de Estado en la que todos tuvieran algo que aportar.
El gran debate educativo nacional parece ignorar este tipo de problemas. Y es curioso porque esta es una señal de fragmentación de una sociedad que se llenaba la boca por ser inclusiva e integradora.
La cosa entonces no cambia automáticamente por cambiar las simbologías (ayer Don Pepe y Saravia, y hoy El Che y compañía). Es mucho más complejo el asunto y solo aceptando que el desafío es enorme se podrá construir una respuesta acorde a la dimensión del problema. Pero, como todo, hay que empezar por aceptar la encrucijada en la que se está. De lo contrario nos seguiremos hundiendo en un pozo negro con rostros de felicidad al sonar rítmico de alguna cumbia villera de moda.
miércoles, setiembre 20, 2006
EL PAIS DE LOS PREJUICIOS
(Publicado - El Observador 20/09/06)
No es fácil saber exactamente cuál es la personalidad de una nación. Existen, empero, ciertos lugares comunes en los que todos nos reconocemos en esta tierra: gente tranquila, sentido fraternal en la convivencia cotidiana, no muchas ambiciones en términos generales, negación expresa del éxito ajeno, desconfianza hacia el poder. En fin, nadie puede decir que soy muy original al pintar —con trazo grueso, sí— sólo algunos de los diversos rasgos en los que —para bien o para mal— todos nos podemos reconocer como uruguayos.
Lo que me asombra, últimamente, es que al país le empiezan a conquistar el alma ciertos nuevos (¿nuevos?) prejuicios —que pueden con el tiempo devenir marcas de identidad— pero que sólo son hijos de la ignorancia y que obedecen a una decadencia cultural que nos puede dejar por el camino en la noche de los tiempos.
Todo el maniqueísmo que se construye a favor y en contra del TLC, o a favor y en contra del Mercosur, es sólo una tímida señal de lo que estoy refiriendo. Los defensores del TLC se sienten tentados a blasfemar contra el MERCOSUR. Los “mercosureños”, por su lado, creen tener derecho a escupir en la cara de los estadounidenses. En realidad, nadie formula aportes demasiado serios en relación al formato definitivo en que quedarán las cosas ante un acuerdo de esta naturaleza. Ganan por paliza los prejuicios de un lado y del otro. Antes de pensar a fondo, ya se tomó partido. Son no pocas las oportunidades, entonces, en las que los uruguayos terminamos trenzados, los unos contra los otros, sólo por las tapas de los diarios, sin saber si el debate tiene mérito o no.
Ahora con el tema de los militares en prisión ocurre lo mismo. Son pocos los que miran toda la película. Hay mucho sentimiento de venganza en el oficialismo, al que visten de formato jurídico, pero en el fondo les gana el prejuicio en torno al pasado. Del otro lado, ya se advierte que hay señales de crispación que no son ni estimulantes, ni tranquilizadoras, también basadas en prejuicios de un primitivismo atávico. Por supuesto, en el medio hay segmentos de población que empiezan a tomar partido como si se tratara de una contienda deportiva. Y los prejuicios ciudadanos aparecen a flor de piel. Lo advierte cualquiera.
Un país deja de ser ignoto el día en que su población tiene mejor educación y la sociedad es más culta. Acá nos creemos cultos porque hay niveles fuertes de alfabetización y no advertimos que la cosa es más profunda que saber leer y escribir —y con frecuencia alarmante, hacerlo mal. Y no se trata de que la población discuta al nivel de Sócrates o los teólogos escolásticos, pero no es sensato vivir en un ambiente en el que el grito de la tribuna orienta el destino nacional. Porque supone sumirnos en la mediocridad más absoluta y aterradora.
Para muestra basta un botón: el oficialismo siempre defendió un discurso humanista, tolerante y comprensivo hacia la minoridad infractora. Ahora aterriza un proyecto que sólo se ocupa de la faz preventiva y represiva y nada aporta a lo medular del problema. Nada habla de rehabilitación. ¿No era que este tema requería un enfoque integral, que sin duda lo requiere? ¿No era que con la inflación penal íbamos mal? ¿Sólo eso se les ocurrió para la cambiar el Código de la Niñez? ¿Dónde están las mil ideas que recitaban antes?
No nos hace bien regodearnos en los prejuicios de manera militante. Cuando el Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca insiste en la propiedad de la tierra y su rechazo a las sociedades anónimas al portador, en el fondo le gana el prejuicio con respecto a esas formas de titularidad de la propiedad. Y hace mal, muy mal, porque ese no debiera ser su eje de preocupación. Lo importante, en mi visión, sea quien fuere el propietario, es que se trabaje esa tierra, que multiplique su productividad y que aporte sustantivamente al ciclo económico. Presionar para saber quién es el titular y rechazar la inversión externa de esa forma, es un acto poco inteligente y, al final, dañino para el país.
Una vez más, en esos planteos ganaron los prejuicios. Sería hora de abandonarlos para siempre, porque se nos puede escapar el destino del país si seguimos tirando de la piolita. Un día se rompe. Y se rompe para siempre.
Lo que me asombra, últimamente, es que al país le empiezan a conquistar el alma ciertos nuevos (¿nuevos?) prejuicios —que pueden con el tiempo devenir marcas de identidad— pero que sólo son hijos de la ignorancia y que obedecen a una decadencia cultural que nos puede dejar por el camino en la noche de los tiempos.
Todo el maniqueísmo que se construye a favor y en contra del TLC, o a favor y en contra del Mercosur, es sólo una tímida señal de lo que estoy refiriendo. Los defensores del TLC se sienten tentados a blasfemar contra el MERCOSUR. Los “mercosureños”, por su lado, creen tener derecho a escupir en la cara de los estadounidenses. En realidad, nadie formula aportes demasiado serios en relación al formato definitivo en que quedarán las cosas ante un acuerdo de esta naturaleza. Ganan por paliza los prejuicios de un lado y del otro. Antes de pensar a fondo, ya se tomó partido. Son no pocas las oportunidades, entonces, en las que los uruguayos terminamos trenzados, los unos contra los otros, sólo por las tapas de los diarios, sin saber si el debate tiene mérito o no.
Ahora con el tema de los militares en prisión ocurre lo mismo. Son pocos los que miran toda la película. Hay mucho sentimiento de venganza en el oficialismo, al que visten de formato jurídico, pero en el fondo les gana el prejuicio en torno al pasado. Del otro lado, ya se advierte que hay señales de crispación que no son ni estimulantes, ni tranquilizadoras, también basadas en prejuicios de un primitivismo atávico. Por supuesto, en el medio hay segmentos de población que empiezan a tomar partido como si se tratara de una contienda deportiva. Y los prejuicios ciudadanos aparecen a flor de piel. Lo advierte cualquiera.
Un país deja de ser ignoto el día en que su población tiene mejor educación y la sociedad es más culta. Acá nos creemos cultos porque hay niveles fuertes de alfabetización y no advertimos que la cosa es más profunda que saber leer y escribir —y con frecuencia alarmante, hacerlo mal. Y no se trata de que la población discuta al nivel de Sócrates o los teólogos escolásticos, pero no es sensato vivir en un ambiente en el que el grito de la tribuna orienta el destino nacional. Porque supone sumirnos en la mediocridad más absoluta y aterradora.
Para muestra basta un botón: el oficialismo siempre defendió un discurso humanista, tolerante y comprensivo hacia la minoridad infractora. Ahora aterriza un proyecto que sólo se ocupa de la faz preventiva y represiva y nada aporta a lo medular del problema. Nada habla de rehabilitación. ¿No era que este tema requería un enfoque integral, que sin duda lo requiere? ¿No era que con la inflación penal íbamos mal? ¿Sólo eso se les ocurrió para la cambiar el Código de la Niñez? ¿Dónde están las mil ideas que recitaban antes?
No nos hace bien regodearnos en los prejuicios de manera militante. Cuando el Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca insiste en la propiedad de la tierra y su rechazo a las sociedades anónimas al portador, en el fondo le gana el prejuicio con respecto a esas formas de titularidad de la propiedad. Y hace mal, muy mal, porque ese no debiera ser su eje de preocupación. Lo importante, en mi visión, sea quien fuere el propietario, es que se trabaje esa tierra, que multiplique su productividad y que aporte sustantivamente al ciclo económico. Presionar para saber quién es el titular y rechazar la inversión externa de esa forma, es un acto poco inteligente y, al final, dañino para el país.
Una vez más, en esos planteos ganaron los prejuicios. Sería hora de abandonarlos para siempre, porque se nos puede escapar el destino del país si seguimos tirando de la piolita. Un día se rompe. Y se rompe para siempre.
miércoles, setiembre 06, 2006
CELEBREMOS PERO MARQUEMOS
(Publicado - El Observador 6/09/06)
Ortodoxia fiscal y monetaria —al menos en la retórica—, empeño en profundizar la apertura comercial, rechazo a las refinanciaciones genéricas por vía legal. Y ahora, además, apuesta a una reforma del Estado que pase por la desmonopolización y asociación de las empresas públicas. En definitiva, una serie de cambios no en la orientación general que ha recorrido el país en los últimos veinte años, sino en el discurso y acción política que la llamada “izquierda” desarrollara hasta el 31 de octubre de 2004. Cambios tan profundos que han sumido en la perplejidad, cuando no en el más franco disgusto, al núcleo duro de la militancia frenteamplista.
Frente a tales cambios, la oposición tiene dos caminos posibles. Uno de ellos sería la adopción de una actitud “espejo”: cambiar el discurso radicalmente y ganarle al oficialismo “por la izquierda”, adoptando una pose populista y embistiendo contra esos cambios. Es un camino que a veces rinde en el corto plazo, pero que contribuye a degradar la vida cívica del país. El Frente Amplio a lo largo de los últimos años le dijo a casi todo que “NO” porque pensó en su interés electoral. El otro camino es el que hemos emprendido: celebrar el cambio en el discurso y la acción del oficialismo y adelantar nuestro apoyo a cuanta acción se decida emprender en el rumbo que estimamos correcto. Sin embargo, ello no es suficiente. Como oposición no podemos —no debemos— pasar por alto el cambio de discurso, como si apenas constituyera una anécdota. Porque no lo es. Y no se trata, simplemente, de cobrarse la cuenta. Es mucho más serio el asunto si es que la política es un asunto serio y no un teatro donde hipnotizar a los ciudadanos y luego hacer lo que nos plazca con ellos.
En primer lugar, ganar las elecciones con un discurso y, luego de acceder al gobierno, arrojarlo por la borda y asumir otro completamente diferente, socava la confianza ciudadana en los actores políticos y —por esa vía— en el sistema todo. No debería ser gratuito para nadie apelar a la filosofía del “así como te digo una cosa, te digo la otra”. Supondría elevar al cinismo a la categoría de virtud cívica. Degrada el concepto de que la actividad política es un servicio público y abona la percepción nefasta que los discursos son, apenas, cáscaras vacías con las cuales disfrazar la más descarnada sed de poder. Los colorados, al menos, no estamos dispuestos a que la vida política del país se degrade de esa manera y sentimos que debemos levantar la voz.
Y en segundo lugar, tan imperdonable como bastardear la política es haber obstaculizado el progreso del país, retrasando la introducción de reformas que —ahora se admite— eran necesarias. Obstaculización perpetrada a través del ejercicio directo de acciones políticas (referendos, por ejemplo), pero también alentando entre vastos sectores de la ciudadanía la creencia equivocada de que todo podía dejarse como está y que sólo hacía falta rectitud y voluntad política para emprender un rumbo de felicidad decretado por el Estado. Esa acción cultural también contribuyó a retrasar reformas fundamentales, porque las deslegitimaba. El realismo mágico en política siempre es criminal.
Ahora el oficialismo emprende —y aspira a profundizar— el camino que ya otros habíamos recorrido, pero lo hace con espíritu fundacional, como si hubiera descubierto la pólvora. Acompañaremos, lo que corresponda —como es deber de todo buen ciudadano— siempre que entendamos que el rumbo es correcto. Pero no por ello habremos de silenciar la voltereta. Sería injusto y poco digno.
Frente a tales cambios, la oposición tiene dos caminos posibles. Uno de ellos sería la adopción de una actitud “espejo”: cambiar el discurso radicalmente y ganarle al oficialismo “por la izquierda”, adoptando una pose populista y embistiendo contra esos cambios. Es un camino que a veces rinde en el corto plazo, pero que contribuye a degradar la vida cívica del país. El Frente Amplio a lo largo de los últimos años le dijo a casi todo que “NO” porque pensó en su interés electoral. El otro camino es el que hemos emprendido: celebrar el cambio en el discurso y la acción del oficialismo y adelantar nuestro apoyo a cuanta acción se decida emprender en el rumbo que estimamos correcto. Sin embargo, ello no es suficiente. Como oposición no podemos —no debemos— pasar por alto el cambio de discurso, como si apenas constituyera una anécdota. Porque no lo es. Y no se trata, simplemente, de cobrarse la cuenta. Es mucho más serio el asunto si es que la política es un asunto serio y no un teatro donde hipnotizar a los ciudadanos y luego hacer lo que nos plazca con ellos.
En primer lugar, ganar las elecciones con un discurso y, luego de acceder al gobierno, arrojarlo por la borda y asumir otro completamente diferente, socava la confianza ciudadana en los actores políticos y —por esa vía— en el sistema todo. No debería ser gratuito para nadie apelar a la filosofía del “así como te digo una cosa, te digo la otra”. Supondría elevar al cinismo a la categoría de virtud cívica. Degrada el concepto de que la actividad política es un servicio público y abona la percepción nefasta que los discursos son, apenas, cáscaras vacías con las cuales disfrazar la más descarnada sed de poder. Los colorados, al menos, no estamos dispuestos a que la vida política del país se degrade de esa manera y sentimos que debemos levantar la voz.
Y en segundo lugar, tan imperdonable como bastardear la política es haber obstaculizado el progreso del país, retrasando la introducción de reformas que —ahora se admite— eran necesarias. Obstaculización perpetrada a través del ejercicio directo de acciones políticas (referendos, por ejemplo), pero también alentando entre vastos sectores de la ciudadanía la creencia equivocada de que todo podía dejarse como está y que sólo hacía falta rectitud y voluntad política para emprender un rumbo de felicidad decretado por el Estado. Esa acción cultural también contribuyó a retrasar reformas fundamentales, porque las deslegitimaba. El realismo mágico en política siempre es criminal.
Ahora el oficialismo emprende —y aspira a profundizar— el camino que ya otros habíamos recorrido, pero lo hace con espíritu fundacional, como si hubiera descubierto la pólvora. Acompañaremos, lo que corresponda —como es deber de todo buen ciudadano— siempre que entendamos que el rumbo es correcto. Pero no por ello habremos de silenciar la voltereta. Sería injusto y poco digno.
miércoles, agosto 23, 2006
LIQUIDEN A SOLODUCHO
(Publicado - El Observador 23/08/06).
Tal parece ser el talante con el que el gobierno vino actuando en relación al conflicto “sui géneris” que se vivió —y aún persiste— en Dancotex. A esta altura, parece lamentable que haya tanto empecinamiento y que se evalúe todo lo sucedido como una pulseada de poder. No es justo para nadie y todos pierden. El patetismo de la situación es evidente.
Este gobierno cree que tiene que ser pro-operario y que ello lo obliga a ser anti empresario. No entiende lo esencial. Hoy ser pro-operario implica también ser pro-empresario para que el titular de la empresa no se funda y, con ello, no lleve al hambre a todos los trabajadores de su empresa. Es el dos más dos. Sólo visiones muy radicalizadas, con aroma revanchista, permiten ver otra cosa. Por algo ha habido tantas idas y venidas, con actuaciones judiciales valientes y con gobernantes lamentables, que no ayudaron a cumplir lo que ordenaba la Justicia. Hacerse de sus bienes parece una proeza en este país.
Acá se ha pulverizado todos los principios legales básicos. Una huelga que no es tal. Una ocupación con guardia gremial, y cobrando pero sin trabajar. Los trabajadores que cobran el seguro de desempleo sin saber cómo termina todo. Y un caso emblemático que se constituyó en el peor ejemplo de lo que se empieza a vivir con tanta anarquía y tantas ocupaciones.
Porque esa es la verdad, los límites del Estado de Derecho, o sea las certezas de las normas legales, se han borrado porque hay que expropiar los medios de producción a sus titulares actuales para que los trabajadores, por algún mecanismo, se hagan de ellos y los exploten. Ese —parecería— es el verdadero sentir gubernamental. El empresario, en la mirada del gobierno, es un comisionista que intermedia y punto. Nada vale su espíritu de riesgo, su creatividad y su liderazgo. Nada vale su inversión, nada vale el derecho de propiedad. Nada valen sus contactos para colocar sus productos. Nada vale nada. Sólo el derecho al trabajo descolgado del mundo real. Es una mirada siniestra, sólo fruto del dogmatismo ideológico.
Aunque parezca increíble, esta óptica del otrora socialismo real, es la que impera en el equipo del Ministerio de Trabajo. Siguen desconfiando del empresario, creyendo que es un oligarca explotador, al que llegó la hora de ponerlo en su lugar. Pero, claro, no saben ni cómo, ni de qué forma, sólo saben que lo tienen que combatir por vendetta filosófica.
El Uruguay, con esta nueva dirigencia sindical poderosa, empieza vivir su peor infierno. Los gobernantes todavía no advirtieron que tiene más poder la central sindical que todo el Frente Amplio junto. Esta película, además, ya la vimos en la Argentina, donde la dirigencia sindical, con recursos económicos, maneja el poder de una manera que causa estupor. Si tendrán plata, acá, que quieren comprar un canal de televisión. El nuevo marco normativo les amparó el descuento sindical automático sobre los salarios, todo lo cual los está haciendo cada vez más ricos. Y, lógicamente, hoy todo el mundo se quiere sindicalizar, porque el gobierno está en esa sintonía. Bienvenidos al club del nuevo poder corporativo del Uruguay.
Si algún despistado cree que esta líneas son para defender los derechos de Soloducho, al que premeditadamente quieren pulverizar en forma ejemplarizante, pues sí, eso es este artículo. También es una defensa acérrima a las fuentes de trabajo que ese hombre impulsó. Las que pudo, las que le dejaron. Las que se podían salvar, porque son indisolubles ambas situaciones.
El Ministerio de Trabajo viene perdiendo la brújula. Las ocupaciones proliferan, los inversionistas desaparecen y se está ambientando la peor política laboral de los últimos tiempos. Creyendo que defiende el derecho al trabajo, está matando al trabajo verdadero. Sería bueno que recapacitaran antes que no quede nadie. Como decían ellos: el último en irse, que apague la luz.
Este gobierno cree que tiene que ser pro-operario y que ello lo obliga a ser anti empresario. No entiende lo esencial. Hoy ser pro-operario implica también ser pro-empresario para que el titular de la empresa no se funda y, con ello, no lleve al hambre a todos los trabajadores de su empresa. Es el dos más dos. Sólo visiones muy radicalizadas, con aroma revanchista, permiten ver otra cosa. Por algo ha habido tantas idas y venidas, con actuaciones judiciales valientes y con gobernantes lamentables, que no ayudaron a cumplir lo que ordenaba la Justicia. Hacerse de sus bienes parece una proeza en este país.
Acá se ha pulverizado todos los principios legales básicos. Una huelga que no es tal. Una ocupación con guardia gremial, y cobrando pero sin trabajar. Los trabajadores que cobran el seguro de desempleo sin saber cómo termina todo. Y un caso emblemático que se constituyó en el peor ejemplo de lo que se empieza a vivir con tanta anarquía y tantas ocupaciones.
Porque esa es la verdad, los límites del Estado de Derecho, o sea las certezas de las normas legales, se han borrado porque hay que expropiar los medios de producción a sus titulares actuales para que los trabajadores, por algún mecanismo, se hagan de ellos y los exploten. Ese —parecería— es el verdadero sentir gubernamental. El empresario, en la mirada del gobierno, es un comisionista que intermedia y punto. Nada vale su espíritu de riesgo, su creatividad y su liderazgo. Nada vale su inversión, nada vale el derecho de propiedad. Nada valen sus contactos para colocar sus productos. Nada vale nada. Sólo el derecho al trabajo descolgado del mundo real. Es una mirada siniestra, sólo fruto del dogmatismo ideológico.
Aunque parezca increíble, esta óptica del otrora socialismo real, es la que impera en el equipo del Ministerio de Trabajo. Siguen desconfiando del empresario, creyendo que es un oligarca explotador, al que llegó la hora de ponerlo en su lugar. Pero, claro, no saben ni cómo, ni de qué forma, sólo saben que lo tienen que combatir por vendetta filosófica.
El Uruguay, con esta nueva dirigencia sindical poderosa, empieza vivir su peor infierno. Los gobernantes todavía no advirtieron que tiene más poder la central sindical que todo el Frente Amplio junto. Esta película, además, ya la vimos en la Argentina, donde la dirigencia sindical, con recursos económicos, maneja el poder de una manera que causa estupor. Si tendrán plata, acá, que quieren comprar un canal de televisión. El nuevo marco normativo les amparó el descuento sindical automático sobre los salarios, todo lo cual los está haciendo cada vez más ricos. Y, lógicamente, hoy todo el mundo se quiere sindicalizar, porque el gobierno está en esa sintonía. Bienvenidos al club del nuevo poder corporativo del Uruguay.
Si algún despistado cree que esta líneas son para defender los derechos de Soloducho, al que premeditadamente quieren pulverizar en forma ejemplarizante, pues sí, eso es este artículo. También es una defensa acérrima a las fuentes de trabajo que ese hombre impulsó. Las que pudo, las que le dejaron. Las que se podían salvar, porque son indisolubles ambas situaciones.
El Ministerio de Trabajo viene perdiendo la brújula. Las ocupaciones proliferan, los inversionistas desaparecen y se está ambientando la peor política laboral de los últimos tiempos. Creyendo que defiende el derecho al trabajo, está matando al trabajo verdadero. Sería bueno que recapacitaran antes que no quede nadie. Como decían ellos: el último en irse, que apague la luz.
miércoles, agosto 09, 2006
10 MACANAZOS 10
(Publicado - El Observador 9/08/06)
1. Sostenían que tenían una idea acabada del impuesto a la renta de las personas físicas. Nos mintieron. En la elección anterior manejaban parámetros que hoy ya ni recuerdan. Y lo que es peor, todavía no se sabe qué van a armar en relación a este impuesto porque la pelea interna los tiene alborotados. No tenían nada armado.
2. Señalaban que las concepciones clientelísticas eran el monopolio de la decadencia de los partidos históricos. Marina y su familia (presente y futura) nos demuestran que no hablaban en serio. Bueno, el propio Presidente Vázquez, al ubicar a su hermano, ya dio un portazo a todo el principismo que verbalizaban. Qué pena, mentían.
3. Afirmaban que eran humanistas y que las visiones de “inflación legislativa” en materia de seguridad pública eran un modelo autoritario que no daba resultados. Se dieron vuelta en medio del río, pegaron un bandazo y ahora asumen el discurso lógico: más firmeza y más sentido común en la legislación con la minoridad infractora y un marco lógico para la actuación de la policía. Aprendieron, aunque se contradijeron abiertamente. En este caso, el macanazo pasa por el doble discurso.
4. Decían que asociar a Ancap con privados era negativo. Convocaron a la gente con esta consigna. Declararon la guerra política por esto. Ahora empiezan a recorrer el camino para terminar haciendo lo que negaban. Nuevamente, el doble discurso.
5. Firmaron proyectos de ley para eliminar el endeudamiento del agro. Ahora no quieren oír hablar del tema. Decían que lo afirmaban para emitir señales. Se rieron de la buena fe de alguna gente. Ahora hay que esperar a que se produzca el milagro del entendimiento entre ellos. Hacían demagogia.
6. Ilusionaron a mucha ciudadanía incrédula con el argumento del “país productivo” y después se afiliaron a la tesis de que las ocupaciones son extensión del derecho de huelga. Ahora hay miedo de invertir. ¿Qué ocurrirá cuando los vientos económicos favorables que soplan desde el exterior dejen de hacerlo?
7. Se mostraban plurales. Y como “izquierda” que son, se suponía que sus márgenes de tolerancia deberían ser amplios. Sin embargo, el Presidente en la primera de cambio emitió un dictamen autoritario –pensado por cierto- para amedrentar a los medios de comunicación y generar un proceso de autocensura. Intolerancia meditada.
8. Desde hace años vienen sosteniendo que los Estados Unidos son el demonio en la Tierra. Con los gringos, nada. Ni ALCA, ni nada. Sin embargo todo indica que van a recorrer el camino de algún entendimiento con George W. Bush y lo denominarán de cualquier forma menos TLC para contentar a la barra compañera. Le pondrán alguna pildorita esotérica para dejar feliz al Canciller, pero van a terminar firmando algo. Sólo un marciano no entiende que eso es buen negocio para el país, más aún en un escenario en el que Argentina y Brasil no nos hacen las cosas sencillas y nos botijean todo lo que pueden. Kafkiano.
9. Se mostraban austeros y criticaban cuanto viaje emprendían los gobernantes anteriores. Ahora no se bajan de los aviones. Participan de cuanto evento aparece en el horizonte. Y quieren comprar un avioncito para tener más flexibilidad horaria. Esas cabecitas volaron con el poder, entre los secretarios y las alfombras rojas se les quemó la brújula. Caretas.
10. Nos prometieron que los chiquilines pobres saldrían de las calles. Siguen allí. Pidiendo limosna. Y los nuevos burócratas no parecen ya tener la sensibilidad de antes. ¿Se habrán olvidado de lo que decían? ¿Sabrán cómo encarar estos dramas o eran puro voluntarismo? Sin comentarios.
Lo complicado de todo esto es que se va dañando la calidad de la democracia. La rebaja y la hacer decaer. Con tanto macaneo y tanta prepotencia, el Estado de Derecho se erosiona. Ya lo tendrían que saber. Por el bien de todos convendría que rectificaran algunos rumbos.
2. Señalaban que las concepciones clientelísticas eran el monopolio de la decadencia de los partidos históricos. Marina y su familia (presente y futura) nos demuestran que no hablaban en serio. Bueno, el propio Presidente Vázquez, al ubicar a su hermano, ya dio un portazo a todo el principismo que verbalizaban. Qué pena, mentían.
3. Afirmaban que eran humanistas y que las visiones de “inflación legislativa” en materia de seguridad pública eran un modelo autoritario que no daba resultados. Se dieron vuelta en medio del río, pegaron un bandazo y ahora asumen el discurso lógico: más firmeza y más sentido común en la legislación con la minoridad infractora y un marco lógico para la actuación de la policía. Aprendieron, aunque se contradijeron abiertamente. En este caso, el macanazo pasa por el doble discurso.
4. Decían que asociar a Ancap con privados era negativo. Convocaron a la gente con esta consigna. Declararon la guerra política por esto. Ahora empiezan a recorrer el camino para terminar haciendo lo que negaban. Nuevamente, el doble discurso.
5. Firmaron proyectos de ley para eliminar el endeudamiento del agro. Ahora no quieren oír hablar del tema. Decían que lo afirmaban para emitir señales. Se rieron de la buena fe de alguna gente. Ahora hay que esperar a que se produzca el milagro del entendimiento entre ellos. Hacían demagogia.
6. Ilusionaron a mucha ciudadanía incrédula con el argumento del “país productivo” y después se afiliaron a la tesis de que las ocupaciones son extensión del derecho de huelga. Ahora hay miedo de invertir. ¿Qué ocurrirá cuando los vientos económicos favorables que soplan desde el exterior dejen de hacerlo?
7. Se mostraban plurales. Y como “izquierda” que son, se suponía que sus márgenes de tolerancia deberían ser amplios. Sin embargo, el Presidente en la primera de cambio emitió un dictamen autoritario –pensado por cierto- para amedrentar a los medios de comunicación y generar un proceso de autocensura. Intolerancia meditada.
8. Desde hace años vienen sosteniendo que los Estados Unidos son el demonio en la Tierra. Con los gringos, nada. Ni ALCA, ni nada. Sin embargo todo indica que van a recorrer el camino de algún entendimiento con George W. Bush y lo denominarán de cualquier forma menos TLC para contentar a la barra compañera. Le pondrán alguna pildorita esotérica para dejar feliz al Canciller, pero van a terminar firmando algo. Sólo un marciano no entiende que eso es buen negocio para el país, más aún en un escenario en el que Argentina y Brasil no nos hacen las cosas sencillas y nos botijean todo lo que pueden. Kafkiano.
9. Se mostraban austeros y criticaban cuanto viaje emprendían los gobernantes anteriores. Ahora no se bajan de los aviones. Participan de cuanto evento aparece en el horizonte. Y quieren comprar un avioncito para tener más flexibilidad horaria. Esas cabecitas volaron con el poder, entre los secretarios y las alfombras rojas se les quemó la brújula. Caretas.
10. Nos prometieron que los chiquilines pobres saldrían de las calles. Siguen allí. Pidiendo limosna. Y los nuevos burócratas no parecen ya tener la sensibilidad de antes. ¿Se habrán olvidado de lo que decían? ¿Sabrán cómo encarar estos dramas o eran puro voluntarismo? Sin comentarios.
Lo complicado de todo esto es que se va dañando la calidad de la democracia. La rebaja y la hacer decaer. Con tanto macaneo y tanta prepotencia, el Estado de Derecho se erosiona. Ya lo tendrían que saber. Por el bien de todos convendría que rectificaran algunos rumbos.
martes, agosto 01, 2006
Carta - Transparencia Internacional
Montevideo, 31 de julio de 2006.
Sres. De Transparencia Internacional
De nuestra mayor consideración.
En el Uruguay se viene produciendo una situación compleja en la que un funcionario público de enorme jerarquía institucional, como lo es el Secretario de la Presidencia de la República, Dr. Gonzalo Fernández simultáneamente a su labor pública mantiene vinculaciones y asiste en casos jurídicos a eventuales evasores del Estado que litigan contra el mismo.
En nuestra opinión este es un capítulo “delicado” en la vida democrática y cívica del Uruguay puesto que el funcionario en cuestión posee rango ministerial, es la cabeza jurídica de la Presidencia de la República y es, en los hechos, la mano derecha del Presidente actual, Dr. Tabaré Vázquez. A su vez es un catedrático reconocido en su materia lo que le genera una enorme visibilidad en su área de influencia.
La figura del Secretario de la Presidencia, al igual que la del Director de Planeamiento y Presupuesto revelan un enorme poder porque poseen todo el peso y el rango ministerial verdaderos espacios de decisión de marca mayor.
Claramente, el Secretario de la Presidencia, puede ejercer un poder de influencia sustantivo en todas las decisiones jurídicas que el Estado compromete. Además participa de los Consejos de Ministros donde cada ministro advierte en esa figura a un severo controlador de las normas públicas.
De un tiempo a esta parte, el diputado Jorge Gandini integrante de la oposición política, al igual que nuestro caso, viene sosteniendo que son más de una decena de causas jurídicas en las que el Secretario de la Presidencia uruguayo se encuentra ubicado en los dos lados de la calle: actuando como defensor o asesor legal de empresas que tiene contenciosos con el Estado, más precisamente con el área de evasión de impuestos a cargo de la Dirección General Impositiva y manteniendo su cargo gubernamental sin siquiera ensayar algún tipo de disculpa pública. Esto es impactante para cualquier observador desapasionado.
El Secretario de la Presidencia también, en nuestra mirada, ejercita –aunque no fuera tal su voluntad- una presión indirecta sobre los fiscales de la nación al depender todos ellos del propio Poder Ejecutivo. Resulta entonces, que así nace una situación harto embarazosa, en la que los fiscales podrán en más de una oportunidad, tener que actuar en juicios en los que este jerarca fuese la contraparte por parte del sector privado, supuestamente infractor. Inclusive ya no son pocos los que ahora se sienten defraudados por el talante de este funcionario al no tener una dedicación exclusiva como correspondería a la jerarquía de su función. Al fin y al cabo, no se trata de un funcionario público cualquiera, es de los pocos cargos con enorme potencia que la Constitución procuró dotar de amplio margen de actuación. No se comprende como no repara en este tema ético de enorme sensibilidad. Nuestra posición es clara: debe optar por un camino o por el otro.
La legislación uruguaya posee decretos y leyes que permiten preguntarse si el principio sagrado de la imparcialidad, que obliga a conferir tratamientos de igualdad a todas las personas en lo que “refiera o se dirija su actividad pública”, efectivamente se está cumpliendo.
Cabe preguntarse si es moralmente correcto el posicionamiento que este funcionario denota al actuar de esta forma. En nuestra opinión cualquier código de ética muestra que no es aceptable esa doble función. (Es más, la propia Dirección General Impositiva, por suerte, ensayó el camino de la prohibición expresa a sus funcionarios técnicos que asesoraban en casos contra la Administración Pública.)
Por su parte, en nuestra mirada, el Código de Ética que rige el comportamiento de los abogados en el Uruguay es contrario a este tipo de prácticas. Correspondería entonces analizarlo. También es necesario revisar el decreto 30/003 del 23/01/03 que construye la obligatoriedad del funcionario público de poner “preeminencia del interés público sobre cualquier otro”.
Por todo lo presente, deseamos saber entonces atento a lo descripto – y los convocamos a chequear la información in situ si así lo entendieran pertinente - si estos casos son comunes y aceptables en los países que ustedes conocen en base a los capítulos que allí tienen instalados.
Deseamos saber además, cual es la experiencia de los países con bajos niveles de corrupción en los que se logra separar nítidamente la función pública y la función privada con resultados a la vista.
Deseamos saber también si existe algún protocolo estándar en el que estas infortunadas situaciones se prohíban expresamente. Atento a toda la experiencia internacional que ustedes poseen, nos resulta imprescindible requerir vuestra opinión.
Desde ya agradecemos vuestra atención y esperamos vuestra respuesta.
Saludan atentamente,
Bancada de Legisladores del Foro Batllista – Partido Colorado - Uruguay
Sres. De Transparencia Internacional
De nuestra mayor consideración.
En el Uruguay se viene produciendo una situación compleja en la que un funcionario público de enorme jerarquía institucional, como lo es el Secretario de la Presidencia de la República, Dr. Gonzalo Fernández simultáneamente a su labor pública mantiene vinculaciones y asiste en casos jurídicos a eventuales evasores del Estado que litigan contra el mismo.
En nuestra opinión este es un capítulo “delicado” en la vida democrática y cívica del Uruguay puesto que el funcionario en cuestión posee rango ministerial, es la cabeza jurídica de la Presidencia de la República y es, en los hechos, la mano derecha del Presidente actual, Dr. Tabaré Vázquez. A su vez es un catedrático reconocido en su materia lo que le genera una enorme visibilidad en su área de influencia.
La figura del Secretario de la Presidencia, al igual que la del Director de Planeamiento y Presupuesto revelan un enorme poder porque poseen todo el peso y el rango ministerial verdaderos espacios de decisión de marca mayor.
Claramente, el Secretario de la Presidencia, puede ejercer un poder de influencia sustantivo en todas las decisiones jurídicas que el Estado compromete. Además participa de los Consejos de Ministros donde cada ministro advierte en esa figura a un severo controlador de las normas públicas.
De un tiempo a esta parte, el diputado Jorge Gandini integrante de la oposición política, al igual que nuestro caso, viene sosteniendo que son más de una decena de causas jurídicas en las que el Secretario de la Presidencia uruguayo se encuentra ubicado en los dos lados de la calle: actuando como defensor o asesor legal de empresas que tiene contenciosos con el Estado, más precisamente con el área de evasión de impuestos a cargo de la Dirección General Impositiva y manteniendo su cargo gubernamental sin siquiera ensayar algún tipo de disculpa pública. Esto es impactante para cualquier observador desapasionado.
El Secretario de la Presidencia también, en nuestra mirada, ejercita –aunque no fuera tal su voluntad- una presión indirecta sobre los fiscales de la nación al depender todos ellos del propio Poder Ejecutivo. Resulta entonces, que así nace una situación harto embarazosa, en la que los fiscales podrán en más de una oportunidad, tener que actuar en juicios en los que este jerarca fuese la contraparte por parte del sector privado, supuestamente infractor. Inclusive ya no son pocos los que ahora se sienten defraudados por el talante de este funcionario al no tener una dedicación exclusiva como correspondería a la jerarquía de su función. Al fin y al cabo, no se trata de un funcionario público cualquiera, es de los pocos cargos con enorme potencia que la Constitución procuró dotar de amplio margen de actuación. No se comprende como no repara en este tema ético de enorme sensibilidad. Nuestra posición es clara: debe optar por un camino o por el otro.
La legislación uruguaya posee decretos y leyes que permiten preguntarse si el principio sagrado de la imparcialidad, que obliga a conferir tratamientos de igualdad a todas las personas en lo que “refiera o se dirija su actividad pública”, efectivamente se está cumpliendo.
Cabe preguntarse si es moralmente correcto el posicionamiento que este funcionario denota al actuar de esta forma. En nuestra opinión cualquier código de ética muestra que no es aceptable esa doble función. (Es más, la propia Dirección General Impositiva, por suerte, ensayó el camino de la prohibición expresa a sus funcionarios técnicos que asesoraban en casos contra la Administración Pública.)
Por su parte, en nuestra mirada, el Código de Ética que rige el comportamiento de los abogados en el Uruguay es contrario a este tipo de prácticas. Correspondería entonces analizarlo. También es necesario revisar el decreto 30/003 del 23/01/03 que construye la obligatoriedad del funcionario público de poner “preeminencia del interés público sobre cualquier otro”.
Por todo lo presente, deseamos saber entonces atento a lo descripto – y los convocamos a chequear la información in situ si así lo entendieran pertinente - si estos casos son comunes y aceptables en los países que ustedes conocen en base a los capítulos que allí tienen instalados.
Deseamos saber además, cual es la experiencia de los países con bajos niveles de corrupción en los que se logra separar nítidamente la función pública y la función privada con resultados a la vista.
Deseamos saber también si existe algún protocolo estándar en el que estas infortunadas situaciones se prohíban expresamente. Atento a toda la experiencia internacional que ustedes poseen, nos resulta imprescindible requerir vuestra opinión.
Desde ya agradecemos vuestra atención y esperamos vuestra respuesta.
Saludan atentamente,
Bancada de Legisladores del Foro Batllista – Partido Colorado - Uruguay
Dr. Washington Abdala wabdala@parlamento.gub.uy
Ing. Guido Machado gmachado@parlamento.gub.uy
Sr. Tabaré Hackenbruch thackenbruch@parlamento.gub.uy
Sr. Gustavo Espinosa gespinosa@parlamento.gub.uy
Sr. Germán Cardoso gcardoso@parlamento.gub.uy
Ing. Guido Machado gmachado@parlamento.gub.uy
Sr. Tabaré Hackenbruch thackenbruch@parlamento.gub.uy
Sr. Gustavo Espinosa gespinosa@parlamento.gub.uy
Sr. Germán Cardoso gcardoso@parlamento.gub.uy
miércoles, julio 26, 2006
¿HABRÁ CAMBIOS COLORADOS?
(Publicado - El Observador 26/07/06)
Algunas cosas están pasando adentro del Partido Colorado y no es para menos. El desastroso resultado electoral movió las fibras más íntimas de un colectivo humano que sabe que tiene que cambiar para adaptarse a los nuevos tiempos.
Por cierto, no se trata sólo de una nueva organización interna más abierta, más ventilada, con más descentralización y con apertura hacia las nuevas generaciones junto a encares de género. Eso está bien, pero no alcanza. Hay que hacer mucho más.
Hay que sincerar el discurso ideológico de un partido que curiosamente ganó por fuera lo que las urnas no le reconocieron. Hablar hoy de aporte privado en empresas públicas, procurar acceder a nuevos mercados sin miedos ideológicos retardatarios, aceptar las reglas de la macroeconomía, insistir en la inversión nacional y extranjera como plataformas de despegue, son todas banderas por las que dimos todo y, en su oportunidad, la ciudadanía nos dio la espalda. Ahora, con otros actores en el gobierno que –paradójicamente– a casi todo esto antes le dijeron que no, la historia nos da la razón. Pero hay que hacer más
Los colorados tenemos la obligación de analizar nuestra visión ideológica y aterrizarla dentro del debate entre el liberalismo y la socialdemocracia, ejes éstos que de alguna manera enmarcan las contiendas de la civilidad presente y futura. Es cierto que tenemos allí un contencioso que sólo el ciudadano laudará. Está claro que algunos colorados quieren menos Estado y deberán verbalizar sus propuestas. Y está claro que otros colorados quieren un Estado más eficaz, no necesariamente voluminoso pero protagonista significativo de algunos cambios sociales. ¿Son matices? ¿Hay una profunda diferencia en cómo imaginamos la sociedad del futuro? ¿Dónde están los puntos de entendimiento de la nueva matriz batllista? Estos son algunos desafíos que tenemos que empezar a sincerar y procesar cuanto antes. Y la creación de un Congreso Ideológico que se reúna con cierta periodicidad, con documentos de base, para ir discutiendo un nuevo diseño de sociedad, será un instrumento imprescindible. Pensar y discutir para hacer y no improvisar.
El siglo que se fue, entre muchas cosas, estuvo marcado por el rescate de los derechos humanos. El Uruguay aún hoy sabe que esto es cierto. El tiempo que viene está signado por el compromiso ético. En esto, también, los colorados tenemos que adentrarnos sin temores, haciendo gala de la construcción de estos motores de dignidad que nos permitan actuar y sentir que estamos haciendo lo correcto. Por eso la instalación de una Comisión de Ética y Disciplina partidaria, con carácter permanente, dentro del colectivo colorado, con el mandato adicional de aportar un código de comportamiento partidario, es una buena nueva que debe percibirse como un paso positivo. Cuanto más ética, más credibilidad para cualquier partido político.
Por cierto, sólo esto no alcanza para superar la adversidad. Luego vendrán las mujeres y hombres que hacemos el cotidiano de este partido, los que tendremos que irnos adentrando en los desafíos de las próximas horas sabiendo que sólo asumiendo riesgos se conquista el porvenir. Sólo comprometiéndonos con un rango de prioridades y el necesario relevo generacional, se entenderá lo que queremos reconstruir. Y eso pasa por hablar claro, asumir algunos compromisos básicos, volver a apelar a la lógica colorada del buen relacionamiento interno y levantar las banderas del humanismo batllista que –creo– están metidas en buena parte de la cabeza de la sociedad uruguaya.
Por algo será que todos estos días hay tanto debate sobre el grado de batllismo del país. Por algo cierto jerarca de gobierno explícitamente expresa que nos quiere aniquilar. De seguro, tan poca cosa no debemos ser para generar tanto revuelo.
Se trata entonces de hacer los cambios que la hora impone, ambientar los espacios para cambiar al Partido Colorado y atreverse a desafiar el presente de manera proactiva.
Por cierto, no se trata sólo de una nueva organización interna más abierta, más ventilada, con más descentralización y con apertura hacia las nuevas generaciones junto a encares de género. Eso está bien, pero no alcanza. Hay que hacer mucho más.
Hay que sincerar el discurso ideológico de un partido que curiosamente ganó por fuera lo que las urnas no le reconocieron. Hablar hoy de aporte privado en empresas públicas, procurar acceder a nuevos mercados sin miedos ideológicos retardatarios, aceptar las reglas de la macroeconomía, insistir en la inversión nacional y extranjera como plataformas de despegue, son todas banderas por las que dimos todo y, en su oportunidad, la ciudadanía nos dio la espalda. Ahora, con otros actores en el gobierno que –paradójicamente– a casi todo esto antes le dijeron que no, la historia nos da la razón. Pero hay que hacer más
Los colorados tenemos la obligación de analizar nuestra visión ideológica y aterrizarla dentro del debate entre el liberalismo y la socialdemocracia, ejes éstos que de alguna manera enmarcan las contiendas de la civilidad presente y futura. Es cierto que tenemos allí un contencioso que sólo el ciudadano laudará. Está claro que algunos colorados quieren menos Estado y deberán verbalizar sus propuestas. Y está claro que otros colorados quieren un Estado más eficaz, no necesariamente voluminoso pero protagonista significativo de algunos cambios sociales. ¿Son matices? ¿Hay una profunda diferencia en cómo imaginamos la sociedad del futuro? ¿Dónde están los puntos de entendimiento de la nueva matriz batllista? Estos son algunos desafíos que tenemos que empezar a sincerar y procesar cuanto antes. Y la creación de un Congreso Ideológico que se reúna con cierta periodicidad, con documentos de base, para ir discutiendo un nuevo diseño de sociedad, será un instrumento imprescindible. Pensar y discutir para hacer y no improvisar.
El siglo que se fue, entre muchas cosas, estuvo marcado por el rescate de los derechos humanos. El Uruguay aún hoy sabe que esto es cierto. El tiempo que viene está signado por el compromiso ético. En esto, también, los colorados tenemos que adentrarnos sin temores, haciendo gala de la construcción de estos motores de dignidad que nos permitan actuar y sentir que estamos haciendo lo correcto. Por eso la instalación de una Comisión de Ética y Disciplina partidaria, con carácter permanente, dentro del colectivo colorado, con el mandato adicional de aportar un código de comportamiento partidario, es una buena nueva que debe percibirse como un paso positivo. Cuanto más ética, más credibilidad para cualquier partido político.
Por cierto, sólo esto no alcanza para superar la adversidad. Luego vendrán las mujeres y hombres que hacemos el cotidiano de este partido, los que tendremos que irnos adentrando en los desafíos de las próximas horas sabiendo que sólo asumiendo riesgos se conquista el porvenir. Sólo comprometiéndonos con un rango de prioridades y el necesario relevo generacional, se entenderá lo que queremos reconstruir. Y eso pasa por hablar claro, asumir algunos compromisos básicos, volver a apelar a la lógica colorada del buen relacionamiento interno y levantar las banderas del humanismo batllista que –creo– están metidas en buena parte de la cabeza de la sociedad uruguaya.
Por algo será que todos estos días hay tanto debate sobre el grado de batllismo del país. Por algo cierto jerarca de gobierno explícitamente expresa que nos quiere aniquilar. De seguro, tan poca cosa no debemos ser para generar tanto revuelo.
Se trata entonces de hacer los cambios que la hora impone, ambientar los espacios para cambiar al Partido Colorado y atreverse a desafiar el presente de manera proactiva.
miércoles, junio 28, 2006
YO NO LOS VOTÉ
(Publicado - El Observador 28/06/06)
No son pocos los que por estas horas se muestran asombrados ante la caída en los índices de aceptación que tiene el gobierno en los últimos días. Números más, números menos, el gobierno tiene cerca de un 40 por ciento de aceptación neta. El Presidente, por su parte, cayó y según Factum posee una aceptación superior al 57 por ciento. Esto siempre es así, los presidentes generalmente logran estar por encima de la simpatía de sus gobiernos. Más aún en este caso, donde la pelea y el desgaste lo asumen varios ministros.
Los uruguayos abonamos la teoría de que somos tolerantes, profundamente demócratas y nada soberbios. Nos creemos respetuosos del Estado de Derecho, de sus reglas y de cierto estilo humanista al que consideramos una marca de fábrica. Algo está pasando, empero, puesto que cierta “porteñización” nos viene ganando el alma día a día.
Los fallos de la justicia empiezan a ser difíciles de entender para mucha gente. Los magistrados se quejan. Los fiscales también. A muchos integrantes de estas corporaciones les empieza a encantar verse en los noticieros. Un jerarca se va de boca y termina “procesado” por manifestaciones que, aunque discutibles, no parecían revestir suficiente mérito para semejante decisión. Simultáneamente, una medida judicial en un caso muy conocido, no prosperó por un comportamiento judicial intoxicado por la incidencia notoria del poder político. Las ocupaciones de ámbitos laborales ya son relativamente corrientes y ciertas interpretaciones del derecho de huelga entran en un contencioso con el derecho de propiedad donde nadie asume el valor de laudar ese conflicto. Turbulencia a la vista. Ver otra cosa es mentirse. Y no se trata de ser “pro empresario”, sólo alcanza con ser sensato.
El hecho de manejar la tesis reeleccionista del presidente por parte de varios de sus acólitos es una penosa manifestación de algunos que pretenden eternizarse en el poder. Lo gracioso del asunto es que se pasaron la vida argumentando contra esta postura, tanto en l971 como hace pocos años, cuando hablaban de los “superpoderes” presidenciales. Esto también desnuda cierta frivolización del poder que a mucha gente que los votó empieza a caerle gruesa. La alfombra roja, los secretarios, el chofer, las cortes y los medios empiezan a comerle el alma a los autoproclamados principistas.
Ni hablemos de los episodios donde la moral de los gobernantes es puesta en duda. El capítulo “Gonzalo Fernandez” va a ir tomando su justo lugar porque a cualquiera le rechina que con el poder de ese funcionario, se tenga tan proficua actuación —él o su estudio— en los estrados judiciales. Es mala tanta tentación capitalista. Es malo para el país semejante postura de la mano derecha del presidente y de la cabeza jurídica del Poder Ejecutivo. ¿No eran estas cosas las que les objetábamos a los políticos argentinos? ¿No eran estos los argumentos con los que los frentistas decían que los partidos históricos habían perdido la brújula?
En fin, este es el nuevo posmodernismo frentista, en el que ingresamos con bombos y platillos, ahora agarraditos del mesías tropical de Venezuela que viene a hacer su juego al grogui Mercosur. Yo realmente pensé que la alternancia democrática podía traer algún beneficio. En definitiva, uno quiere creer que los que vienen traen una actitud renovadora que a todos nos haría bien. Nunca pensé, en cambio, que sólo la inercia de la economía iba a ser la estrellita de la hora. Nunca pensé, de veras, que en tan poco tiempo tanta gente que abandonó los partidos históricos nos iba a estar diciendo que su comportamiento fue un error. El orgullo frentista que antes se veía por todas partes ha dejado lugar al silencio sepulcral de sus votantes. Ahora nadie parece haberlos votado. Se acabaron las vanidades frentistas de las calcomanías, de las banderas y de espetar en todos lados que se integraba esa coalición. Es curioso que los mitos caigan tan rápido. Quién lo hubiera dicho.
Los uruguayos abonamos la teoría de que somos tolerantes, profundamente demócratas y nada soberbios. Nos creemos respetuosos del Estado de Derecho, de sus reglas y de cierto estilo humanista al que consideramos una marca de fábrica. Algo está pasando, empero, puesto que cierta “porteñización” nos viene ganando el alma día a día.
Los fallos de la justicia empiezan a ser difíciles de entender para mucha gente. Los magistrados se quejan. Los fiscales también. A muchos integrantes de estas corporaciones les empieza a encantar verse en los noticieros. Un jerarca se va de boca y termina “procesado” por manifestaciones que, aunque discutibles, no parecían revestir suficiente mérito para semejante decisión. Simultáneamente, una medida judicial en un caso muy conocido, no prosperó por un comportamiento judicial intoxicado por la incidencia notoria del poder político. Las ocupaciones de ámbitos laborales ya son relativamente corrientes y ciertas interpretaciones del derecho de huelga entran en un contencioso con el derecho de propiedad donde nadie asume el valor de laudar ese conflicto. Turbulencia a la vista. Ver otra cosa es mentirse. Y no se trata de ser “pro empresario”, sólo alcanza con ser sensato.
El hecho de manejar la tesis reeleccionista del presidente por parte de varios de sus acólitos es una penosa manifestación de algunos que pretenden eternizarse en el poder. Lo gracioso del asunto es que se pasaron la vida argumentando contra esta postura, tanto en l971 como hace pocos años, cuando hablaban de los “superpoderes” presidenciales. Esto también desnuda cierta frivolización del poder que a mucha gente que los votó empieza a caerle gruesa. La alfombra roja, los secretarios, el chofer, las cortes y los medios empiezan a comerle el alma a los autoproclamados principistas.
Ni hablemos de los episodios donde la moral de los gobernantes es puesta en duda. El capítulo “Gonzalo Fernandez” va a ir tomando su justo lugar porque a cualquiera le rechina que con el poder de ese funcionario, se tenga tan proficua actuación —él o su estudio— en los estrados judiciales. Es mala tanta tentación capitalista. Es malo para el país semejante postura de la mano derecha del presidente y de la cabeza jurídica del Poder Ejecutivo. ¿No eran estas cosas las que les objetábamos a los políticos argentinos? ¿No eran estos los argumentos con los que los frentistas decían que los partidos históricos habían perdido la brújula?
En fin, este es el nuevo posmodernismo frentista, en el que ingresamos con bombos y platillos, ahora agarraditos del mesías tropical de Venezuela que viene a hacer su juego al grogui Mercosur. Yo realmente pensé que la alternancia democrática podía traer algún beneficio. En definitiva, uno quiere creer que los que vienen traen una actitud renovadora que a todos nos haría bien. Nunca pensé, en cambio, que sólo la inercia de la economía iba a ser la estrellita de la hora. Nunca pensé, de veras, que en tan poco tiempo tanta gente que abandonó los partidos históricos nos iba a estar diciendo que su comportamiento fue un error. El orgullo frentista que antes se veía por todas partes ha dejado lugar al silencio sepulcral de sus votantes. Ahora nadie parece haberlos votado. Se acabaron las vanidades frentistas de las calcomanías, de las banderas y de espetar en todos lados que se integraba esa coalición. Es curioso que los mitos caigan tan rápido. Quién lo hubiera dicho.
miércoles, junio 14, 2006
FEO, PRESIDENTE, FEO
(Publicado - El Observador 14/06/06)
El reportaje al Presidente de la República en “Código País” demuestra el pobre rendimiento del primer ciudadano cuando tiene que demostrar un mínimo de solvencia y conocimientos básicos sobre los asuntos centrales de la nación.
En lo único que apareció sensato fue en el diferendo con la Argentina. Allí buscó recorrer la línea del entendimiento post La Haya, el cual es un recorrido imprescindible para el país. Por suerte abandonó esas frases tangueras que frívolamente pueden aparecer inoportunas en un momento por demás delicado de la vida del país en la región .
Fue terminante con la política del Cr. Astori, a quien apoyó de manera ostensible, al tiempo que relativizó su respaldo hacia Mujica. Los dados están echados en el gabinete: la movida la sigue ganando el ministerio de la calle Colonia. Será por conveniencia, será por necesidad, será por lo que fuere, pero tal es lo que se desprende de sus palabras. Ahora en mi visión ya no quedan dudas: en algún momento no lejano el Pepe volverá al Parlamento, nadie puede vivir la vida corriendo siempre de atrás sin cosechar algún éxito. Sin respaldo no va a continuar y ese será un momento crítico para este gobierno porque las aguas se van a agitar. El país va a sufrir las consecuencias de este contencioso y el Presidente no viene sabiendo laudar una pelea que a todos los ciudadanos nos va a complicar la vida.
En materia de seguridad ciudadana, el Presidente no dijo toda la verdad las rapiñas y los hurtos, o sea los delitos más frecuentes, son los que han aumentado, y son los que más preocupan al grueso de la ciudadanía. No hace bien el señor Presidente al no relatar toda la verdad porque esto no es una sensación térmica. Su investidura requiere de otra postura, más seria, asumiendo que la seguridad es un verdadero escándalo para este gobierno, por lo que el actual ministro, ya no caben dudas, no es más el hombre para esa posición. Diaz no le brinda tranquilidad a la ciudadanía. ¿Cómo hay que decírselo, señor Presidente?
En relación al capítulo Gonzalo Fernández, fue penoso sentirlo defender la legalidad por no poderse afirmar en un cien por ciento en la moralidad del comportamiento de este funcionario. No es feliz cuando un país tiene que vivir la indelicadeza que un jerarca con rango ministerial conduzca un estudio jurídico que pelea contra el propio gobierno que integra y representa. Eso nos ofende a todos. Y más nos ofende el Presidente cuando habla del sueldo de 1.500 dólares del señor Secretario de la Presidencia casi de manera despreciativa. Cómo se ve que la plata para ambos funcionarios tiene otra dimensión.
Por cierto, poco atinados fueron sus comentarios sobre el tenis, la pintura y los caballos. Todo para mojarle la oreja a los ex presidentes. Eso es jugar en la cancha chica. Sería correcto entonces tomarle la palabra, señor Presidente, y que usted efectivamente ejerciera la medicina como hobby. No es lindo verlo a usted siendo empleado de entidades mutuales que dependen indirectamente de su gobierno. Eso le hace mal a usted y genera suspicacias que siempre conviene aventar. Serlo y parecerlo, querido presidente. Ya que lo dijo, hágalo. Eso le va a hacer bien a su investidura.
En relación a la reelección nos brindó otro triste espectáculo. No solo no la desestimó sino que la dejó para analizar más adelante, con lo cual erosiona y reduce su rol presidencial y se transforma en un cuasi-candidato más. Hace unos años cuando se hablaba de este tema su fuerza política se ponía de punta con estos planteos. En 1971 fueron terminantes. En la última reforma constitucional incendiaron la pradera con los llamados “superpoderes” presidenciales. Y ahora, como empezó la tentación del sillón, conviene empujar el tema a futuro “porque no son tiempos electorales”. Fea actitud de alguien que lleva solo quince meses y ya piensa en la posibilidad de prorrogarse en y desde el poder. Que se vayan despidiendo, entonces, todos los aspirantes a sucesor. Acá se viene la búsqueda por consolidar el poder personal de Vázquez y quien no comulgue con esa forma de ver e interpretar el mundo habrá de ser considerado enemigo de la patria. Y pensar que algunos creyeron que se venía un Felipe González a la uruguaya.
En lo único que apareció sensato fue en el diferendo con la Argentina. Allí buscó recorrer la línea del entendimiento post La Haya, el cual es un recorrido imprescindible para el país. Por suerte abandonó esas frases tangueras que frívolamente pueden aparecer inoportunas en un momento por demás delicado de la vida del país en la región .
Fue terminante con la política del Cr. Astori, a quien apoyó de manera ostensible, al tiempo que relativizó su respaldo hacia Mujica. Los dados están echados en el gabinete: la movida la sigue ganando el ministerio de la calle Colonia. Será por conveniencia, será por necesidad, será por lo que fuere, pero tal es lo que se desprende de sus palabras. Ahora en mi visión ya no quedan dudas: en algún momento no lejano el Pepe volverá al Parlamento, nadie puede vivir la vida corriendo siempre de atrás sin cosechar algún éxito. Sin respaldo no va a continuar y ese será un momento crítico para este gobierno porque las aguas se van a agitar. El país va a sufrir las consecuencias de este contencioso y el Presidente no viene sabiendo laudar una pelea que a todos los ciudadanos nos va a complicar la vida.
En materia de seguridad ciudadana, el Presidente no dijo toda la verdad las rapiñas y los hurtos, o sea los delitos más frecuentes, son los que han aumentado, y son los que más preocupan al grueso de la ciudadanía. No hace bien el señor Presidente al no relatar toda la verdad porque esto no es una sensación térmica. Su investidura requiere de otra postura, más seria, asumiendo que la seguridad es un verdadero escándalo para este gobierno, por lo que el actual ministro, ya no caben dudas, no es más el hombre para esa posición. Diaz no le brinda tranquilidad a la ciudadanía. ¿Cómo hay que decírselo, señor Presidente?
En relación al capítulo Gonzalo Fernández, fue penoso sentirlo defender la legalidad por no poderse afirmar en un cien por ciento en la moralidad del comportamiento de este funcionario. No es feliz cuando un país tiene que vivir la indelicadeza que un jerarca con rango ministerial conduzca un estudio jurídico que pelea contra el propio gobierno que integra y representa. Eso nos ofende a todos. Y más nos ofende el Presidente cuando habla del sueldo de 1.500 dólares del señor Secretario de la Presidencia casi de manera despreciativa. Cómo se ve que la plata para ambos funcionarios tiene otra dimensión.
Por cierto, poco atinados fueron sus comentarios sobre el tenis, la pintura y los caballos. Todo para mojarle la oreja a los ex presidentes. Eso es jugar en la cancha chica. Sería correcto entonces tomarle la palabra, señor Presidente, y que usted efectivamente ejerciera la medicina como hobby. No es lindo verlo a usted siendo empleado de entidades mutuales que dependen indirectamente de su gobierno. Eso le hace mal a usted y genera suspicacias que siempre conviene aventar. Serlo y parecerlo, querido presidente. Ya que lo dijo, hágalo. Eso le va a hacer bien a su investidura.
En relación a la reelección nos brindó otro triste espectáculo. No solo no la desestimó sino que la dejó para analizar más adelante, con lo cual erosiona y reduce su rol presidencial y se transforma en un cuasi-candidato más. Hace unos años cuando se hablaba de este tema su fuerza política se ponía de punta con estos planteos. En 1971 fueron terminantes. En la última reforma constitucional incendiaron la pradera con los llamados “superpoderes” presidenciales. Y ahora, como empezó la tentación del sillón, conviene empujar el tema a futuro “porque no son tiempos electorales”. Fea actitud de alguien que lleva solo quince meses y ya piensa en la posibilidad de prorrogarse en y desde el poder. Que se vayan despidiendo, entonces, todos los aspirantes a sucesor. Acá se viene la búsqueda por consolidar el poder personal de Vázquez y quien no comulgue con esa forma de ver e interpretar el mundo habrá de ser considerado enemigo de la patria. Y pensar que algunos creyeron que se venía un Felipe González a la uruguaya.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)